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¡TRATO HECHO!

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Moisés les dijo a los jefes de las tribus de Israel: «El Señor ha ordenado que cuando un hombre haga un voto al Señor, o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido». (Números 30: 1, 2).

Si te saltaste Números 28 y 29, las instrucciones divinas concernientes a las fiestas que los israelitas debían celebrar y los sacrificios requeridos, te perdiste una parte genial de la Escritura. Si leíste esos capítulos, te habrás dado cuenta de que leíste lo mismo antes en Levítico y también en Números. ¿Qué te dice el hecho de que Dios repitiera esas instrucciones sobre lo mucho que le importa la adoración?

A pesar de lo buenos que están los primeros dos capítulos de la lectura de hoy, me impresionaron los primeros versículos de Números 30. Los votos hechos al Señor eran tan formales, que hacer un acuerdo con él significaba seriedad absoluta. ¿Alguna vez has tratado de hacer un trato con Dios? Por ejemplo, cuando hiciste algo malo y te descubrieron. ¿Prometiste a Dios nunca más hacerlo de nuevo si él intervenía para liberarte? A mí me pasó.

Una vez robé algunos chicles de mi papá y, maravilla de maravillas, él se dio cuenta. Mi hermana también tomó algunos. Ella había enfrentado «la ira» antes y vivido para contarlo, así que yo imaginé que no podía ser tan terrible. ¡Pero estaba muuuy equivocado! Mi padre era uno de esos que pensaba que «la letra con sangre entra». Así que creía en las tundas, palizas, torturas, golpizas y cualquier otra forma de castigo conocida por la humanidad. Él ha cambiado mucho, pero en aquel entonces era peor que Sadam Husein.

Oré con gran fervor a Dios pidiendo perdón, rogándole que me salvara de mi enemigo, mi padre. Tal vez Dios estaba dormido porque estoy seguro de que no escuchó mi oración. Me dieron con la «vara del castigo» y la verdad es que la merecía. Mi padre me había perdonado muchas veces antes de aquella última gota que derramó el vaso. Supongo que Dios rechazó el trato que le ofrecí.

Dios quiere que pensemos seriamente las promesas que le hacemos, y no deberíamos esperar hasta que estamos en problemas para hacerlas.

NO DEJES DE LEER

Números 20-30

En Números 28 y 29 el aroma que proviene de los sacrificios agrada al Señor. ¿Por qué dijo Dios que le agradaba el olor de los sacrificios quemándose?


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