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EL ÚNICO

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Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando (Deuteronomio 6: 4-6).

Lo siento, familia, pero la lectura de hoy casi me hizo llorar. Me siento como si estuviera justo en las riberas del Jordán escuchando a Moi. Puedo ver su rostro sabio y compasivo, y su cabello encanecido. Puedo oír su poderosa pero tranquila voz, y también puedo ver tristeza en sus ojos. El pueblo de Dios finalmente se dirigía a la Tierra Prometida, pero él no (Deuteronomio 4: 22).

En su discurso de despedida, Moisés recuerda a los israelitas que obedezcan siempre los mandamientos de Dios. Esta advertencia aparece muchas veces en los tres capítulos que hoy vasa leer. De todas las advertencias de Moisés, la adoración de ídolos encabezaba su lista y la de Dios. «No sigas a esos dioses de los pueblos que te rodean, pues el Señor tu Dios está contigo y es un Dios celoso; no vaya a ser que su ira se encienda contra ti y te borre de la faz de la tierra» (Deuteronomio 6: 14, 15). Qué duro, ¿verdad?

Antes había leído esos versículos, pero los entendí mejor cuando un amigo mío adolescente vino cierta vez a conversar conmigo. Le pregunte cómo estaba, así que sacó su celular y me mostró una foto. Esperaba la foto de su mascota, o alguna chica que le gustara. ¡Pero no! ¡Era una foto de su computadora!

-¿Por qué tienes esa foto en tu celular? -le pregunté incrédulamente.

-Hombre, es todo lo que necesito en este mundo -dijo sonriendo-. Juego World of Warcraft desde que me levanto hasta que me voy a dormir a la mañana siguiente. Todo lo que necesito es comida y mi computadora.

Caramba, no podía creer lo que captaban mis oídos. Era verano, y ese muchacho invertía todo su tiempo en videojuegos. ¡Lo que en realidad me dijo es que su «compu» era su dios! Me preocupó tanto que me detuve y oré con él, pidiéndole a Dios que lo ayudara a poner a Jesús en el primer lugar de su vida. Me alegra decir que, unas semanas después, mi amigo vino y me dijo que ya no iba a jugar tanto para poder estudiar más. Pude ver cómo empezaba a cambiar.

En tu vida solamente cabe un Dios. Que él sea el amor de tu vida.

NO DEJES DE LEER

Deuteronomio 4-6

¿Qué promesa hizo Dios a quienes lo obedecieran? Revisa Deuteronomio 5: 32, 33.


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