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«OTRA VEZ, POR FAVOR»

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Vayan y clamen a los dioses que han escogido. ¡Que ellos los libren en tiempo de angustia! (Jueces 10: 14).

A estas alturas quizá ya captaste el común denominador del libro de Jueces. Israel abandona a Dios por otros dioses paganos hechos de madera y piedra; Dios permite que sus enemigos lo conquisten; los israelitas claman a Dios para que los libere; él envía un individuo para llevarlo a cabo. Este patrón se repite siete veces en Jueces.

Junto con el asombroso tema de la gracia, la buena disposición de Dios para perdonarnos cuando lo echamos todo a perder, también está esto: Un pecado que no se supera se vuelve más destructivo. En los primeros capítulos de Jueces vemos que Israel adora uno o dos dioses paganos por aquí y por allá. Pero en Jueces 10, los dioses se han multiplicado. «Adoraron a los ídolos de Baal y a las imágenes de Astarté, a los dioses de Aram, Sidón y Moab, y a los de los amonitas y los filisteos» (Jueces 10: 6). Pero espera, la cosa se pone aún más extraña.

Los israelitas escogieron adorar a los dioses de sus opresores. Cuando una generación había atravesado el «ciclo de pecado y gracia», la siguiente generación no solo parecía olvidar la necesidad de obedecer a Dios, sino que también olvidaba quién la esclavizaba. Pero esta vez sería diferente.

Dios los «vendió» a los filisteos y los amonitas, quienes los destrozaron y agobiaron (Jueces 10: 7,8). Los filisteos gobernaron sobre los israelitas al este del río Jordán. Cuando clamaron al Señor para que los liberara, él respondió: «Díganle a los dioses a los que han estado sirviendo que los ayuden». Dios parece frío algunas veces, ¿verdad?

Más aún, los israelitas se vieron forzados a pedir ayuda a un gran guerrero, un hombre temeroso de Dios llamado Jefté. Sin embargo, ellos lo habían echado del pueblo porque su madre era una prostituta. Aun así Dios usó a Jefté para liberar a Israel, ¡otra vez!

La gracia de Dios tiene la intención de guiarnos al arrepentimiento de nuestros pecados y apartarnos de ellos para siempre (Romanos 2: 4). Si Dios te ha perdonado algún pecado, pídele fuerzas para no volver a cometerlo. El pecado se hace más fuerte con cada complacencia, pero también aumenta el poder para superarlo cada vez que decides obedecer a Dios.

NO DEJES DE LEER

Jueces 10-12

¿Quién empezó a odiara Jefté después que Dios lo ayudara a derrotar a los amonitas? Jueces 12: 1-4. Ahora la familia de Dios se peleaba entre sí.


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