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ESO SE CONTAGIA

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El Señor bendijo a Ana, de manera que ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Durante ese tiempo, Samuel crecía en la presencia del Señor (1 Samuel 2: 21).

La grandeza tiene un gran poder de contagio. Mahatma Gandhi, el campeón de la no violencia, cambió el mundo. El Imperio Británico había gobernado y dominado la India durante más de 200 años, reduciendo a millones de ciudadanos a la servidumbre. Pero luego surgió un pacífico, tímido y sencillo líder, que no tenía miedo de las armas británicas y no aceptaba sobornos.

Mediante una serie de manifestaciones no violentas, y una gran pérdida para él mismo y su familia, Mahatma Gandhi quebró el dominio de Inglaterra sobre la India. Los británicos se frustraron tanto por el pacifismo activo de los seguidores de Gandhi, que empezaron a actuar violentamente contra los indios. Cada vez que los británicos los masacraban o creaban una ley injusta que los oprimía, Gandhi y sus seguidores se hacían más fuertes. India ganó su independencia gracias a un hombre que transmitió grandeza a toda la nación.

La grandeza de Dios se contagia a todo lo que toca. Hoy leíste sobre Samuel, un niño que creció en la presencia de la verdadera grandeza. Durante muchos años su madre había esperado tener un hijo, pero era incapaz de concebir. Finalmente se acercó al tabernáculo a orar y prometió a Dios que si le daba un hijo, ella se lo entregaría. ¿Alguna vez has hecho un trato desesperado con Dios?

«Dios, si tú haces esto por mí, entonces yo voy a...», le decimos a Dios. Pero después olvidamos nuestra promesa. Ana no la olvidó. Cuando Samuel era muy pequeño, su madre lo llevó a Elí, el sumo sacerdote, para que lo criara en el tabernáculo. Inclusive le hizo la misma ropa que vestían los sacerdotes para que la usara mientras crecía en la presencia de Dios, Ana no lo sabía, pero su pequeño niño se convertiría en un profeta y ungiría a los dos primeros reyes de Israel. De hecho, Samuel es considerado uno de los más grandes profetas hebreos. Fue grande porque la grandeza estaba sobre él. Hoy estás en la presencia de Dios. Deja que su grandeza te contagie.

NO DEJES DE LEER

1 Samuel 1-3

¿Qué mensaje aterrador dio Dios a Samuel para Elí? 1 Samuel 3: 1-19, ¿Cómo podría alguien de tu edad dar ese mensaje a un adulto que amas?


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