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PRUEBAS

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Considera seriamente todo lo que el pueblo le diga. En realidad no le han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos (1 Samuel 8: 7).

Cuando estaba en la preparatoria, intenté entrar al equipo de basquetbol de mi escuela. Yo jugaba decentemente, nada espectacular. Ninguna salida abierta veloz, ningún salto loco, pero podía «bloquear» en defensa, era rápido, y mi tiro en suspensión no era malo. Así que pensé que tenía una muy buena posibilidad de que me aceptaran.

No era el único joven que soñaba con la grandeza en una cancha deportiva. Había quienes jugaban bien y lo habían intentado, pero la mayoría de los que se presentaban solamente querían hacer un poco de ejercicio. «No soy uno de ellos», me dije a mí mismo. Iba a jugar en el equipo que representaba nuestra escuela a toda costa.

Hice todas las rutinas de ejercicio con mucho esmero. Tiré el balón lo mejor que pude. Jugué en defensa de la mejor manera. Sabía que me iría bien. Pasé la primera selección, y luego la segunda. Pero luego vino el día de la última selección. Ya casi lo conseguía. Podía saborear la satisfacción del éxito.

Cuando publicaron la lista final, leí cada centímetro cuadrado de aquella hoja, solo para descubrir que mi nombre no estaba. No entré. ¡Había doce muchachos mejores que yo! Por primera vez en mi corta carrera de basquetbolista sentí el aguijón del rechazo. Me sentí horrible.

¿Me creerías si te digo que el Dios del universo siente el rechazo? Sí, lo siente. Samuel se preocupó cuando los israelitas fueron a pedirle un rey. Supo inmediatamente que tal petición acarrearía problemas, pero no tenía idea de cuánto lastimaría a Dios.

Israel realizó pruebas para seleccionar un rey, pero un jugador ni siquiera se presentó. Samuel se sintió ofendido porque Israel no confiaba en su liderazgo, aun cuando sus propios hijos no conducían a esa nación correctamente. Pero el Señor animó a Samuel cuando le señaló que Israel no había rechazado al profeta, ¡sino a Dios!

Israel no sabía lo que pedía cuando solicitó un rey, pero pronto lo descubriría. Una cantidad incontable de israelitas sufrió bajo el gobierno de reyes despiadados, antes de que se dieran cuenta que la conducción divina era verdaderamente la mejor.

NO DEJES DE LEER

1 Samuel 7-9

Dios nunca nos deja obtener lo que queremos sin advertirnos de las consecuencias. Lee 1 Samuel 8: 8-21.


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