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¡TRANSFORMADO!

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Cuando Saúl se dio vuelta para alejarse de Samuel, Dios le cambió el corazón, y ese mismo día se cumplieron todas esas señales (1 Samuel 10: 9).

 Pocas personas en este mundo significan tanto para mí como la señora Hall, mi maestra de quinto grado. Me iba bien en la escuela hasta que la tuve como maestra, pues desde entonces me fue mucho mejor.

Probablemente recuerdas maestros que te cautivaron con videos emocionantes o te asombraron con historias fascinantes. La señora Hall no hizo nada de eso. Tenía un talento extraordinario. Siempre animó a sus alumnos a dar lo mejor de sí mismos.

Ella sabía que yo era bastante bueno en lengua y lectura, así que un día me puso en pareja con James. Él se perdía completamente cuando leía, pero la maestra creía que yo podía ayudarlo. Hice mi mejor esfuerzo, y James empezó a mejorar. No le di más vueltas.

Pues la señora Hall pensó que lo que yo había hecho fue muy genial. ¿Cómo lo sé? Bueno, cuando mi madre se presentó en la escuela para la junta de padres de familia, mi maestra llevó a mi progenitora a un lado de la sala y le habló muy bien de mí. Luego la llevó al tablero donde colocaba las estrellas de cada niño cuando hacía algo grandioso en clase, y la maestra mostró a mi mamá las estrellas que yo había ganado. Me agrandé tanto durante esa junta de padres que no pude salir por la puerta del salón. No creía mucho en mí antes de que la señora Hall fuera mi maestra. Pero cuando comencé a cursar sexto grado, yo era totalmente otra persona. Algo dentro de mí había cambiado.

Así se sintió Saúl cuando se dio media vuelta para alejarse de Samuel. Las gotas del tibio aceite de oliva todavía eran visibles en su humilde rostro. Debió quedarse mirando a Samuel con mucho asombro durante largo tiempo, inseguro del futuro que tendría. Apenas unas pocas horas antes había deambulado por el campo en búsqueda de las asnas perdidas de su padre. Saúl nunca habría adivinado que ese día cambiaría su vida para siempre, ¡y que se convertiría en el primer rey de Israel!

Mientras Saúl dejaba a Samuel, Dios cambió su corazón. Le dio uno nuevo, además de una nueva mentalidad y nuevas oportunidades para que fuera lo mejor que podía ser. Cuando el Señor entra en nuestras vidas y nos llama para realizar una gran tarea, no nos empapa en aceite y nos deja. Cambia nuestros corazones y nos encamina al éxito. ¿Ya te preparaste para el cambio?

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1 Samuel 10-12

¿Qué lección aprendiste del discurso de despedida de Samuel? Lee 1 Samuel 12.


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