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EL LEVANTAMIENTO DE DAVID

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Le dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ajimélec: «Tráeme el efod». Tan pronto como Abiatar se lo trajo, David consultó al Señor: «¿Debo perseguir a esa banda? ¿Los voy a alcanzar?» (1 Samuel 30: 7, 8).

Hemos llegado al final del primer libro de Samuel. ¡Ha sido de lo mejor! El libro empieza con el nacimiento de un niño llamado Samuel. Creció para convertirse en uno de los más grandes profetas de Israel, y en los capítulos finales del libro que lleva su nombre, Samuel muere. Saúl también. El rey se suicida para que no lo capturen los filisteos. Qué final tan triste para su vida.

Claro, hay lamentos al final de 1 Samuel, pero también mucha esperanza. Después de años de fuga, un osado pastorcito estaba a punto de convertirse en rey. Sin embargo, el trayecto de David al trono tendría que esperar un poco más, porque aún tenía que enfrentar muchos enemigos feroces.

El principal enemigo de David era el ejército amalecita, que lo esperaba y a sus tropas para luchar. Una vez que partieron, los amalecitas atacaron la ciudad de Siclag, en la que vivían David y sus hombres; la destruyeron y secuestraron a todas las mujeres y los niños. Cuando regresaron a Siclag, fue muy difícil para David y sus tropas ver que sus casas se quemaban y notarla ausencia de sus amados. Los hombres empezaron a llorar, y luego se volvieron contra David. Fue uno de los momentos más duros de su vida.

¿Alguna vez has tenido uno de esos momentos en que todo parece perdido? Una vez, cuando yo estaba en la universidad, regresé al cuarto de lavado del dormitorio, ¡y descubrí que mi ropa no estaba! Alguien había robado todo, hasta mi ropa interior. ¡QUÉ MAL!

Cuando las cosas parecían sin esperanza, David acudió a la Fuente. Si creces como un pastor que no tiene con quien hablar excepto ovejas, aprendes a hablar con Dios. David pudo haberse enojado e ir tras los amalecitas, algo semejante a lo que hizo cuando Nabal lo insultó. En vez de eso, David le preguntó a Dios qué debía hacer.

Uno de los grandes secretos para conducirse en momentos difíciles es saber a quién acudir. Cuando estés en problemas, pregúntale a Dios qué deberías hacer, luego busca sus respuestas. Entonces, ¡te levantarás!

NO DEJES DE LEER

1 Samuel 28-31

¿Te diste cuenta de que David se escondió entre los filisteos, enemigos declarados de Israel? Quizá por eso escribió Salmos 23: 5.


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