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¿KARATE EN LA IGLESIA?

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Mientras David y todo el pueblo de Israel danzaban ante el Señor con gran entusiasmo y cantaban al son de arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos (2 Samuel 6: 5).

«Mira. Son aerobics, ¿no? Pero estamos en la iglesia. No, más bien es karate. ¿Qué le pasa a ese tipo?» Los pensamientos volaron en mi cerebro como las luces pirotécnicas de una lluvia de estrellas. No estaba seguro de qué pensar del hombre que se contorneaba en el pasillo de mi iglesia favorita en Atlanta, Georgia. Pero una cosa era segura: Imposible ignorarlo.

Me encantaba visitar esta iglesia, que se mantendrá anónima para proteger al inocente y al culpable, siempre que iba a ver a mi familia a Atlanta. El servicio de adoración era candela pura, ya mí me gustaba todo. Me encantaba cómo el pastor se aproximaba al púlpito y hablaba suavemente a fin de preparar la iglesia para la adoración. Tenía una de las voces evangélicas más hermosas que alguna vez escuché, y su registro parecía no tener límite.

En ese sábado, el pastor marcó el inicio del servicio de adoración con un hermoso canto muy tranquilizador, a lo mejor un poco al estilo de Fred Hammond y su grupo Radical for Christ. Luego se dio paso a música un poco más rítmica, como «In the Sactuary» de Kurt Carr, quizás. Para ese momento todos estaban de pie adorando a Dios mediante el canto. El sonido llenaba el salón completamente. La iglesia parecía levitar.

Entonces un hombre salió al pasillo y empezó a dar patadas de karate, saltando en el aire y levantando una y otra pierna muy alto, casi a la altura del rostro. Nunca había visto algo semejante. Supe que algunas personas se enojaron al ver eso en el templo, pero me negué a juzgar a ese hombre. No sabía qué pasaba en su corazón o qué había hecho Dios por él. Así que mejor me concentré en el Señor.

Cuando el rey David y el pueblo de Judá celebraron el regreso del arca de Dios (2 Samuel 6), la Biblia dice que fue «con toda su fuerza». Tocaron cada instrumento que tenían, cantaban con ánimo, y ensalzaban el nombre del Dios que los había liberado de todos sus enemigos. David danzó delante de Dios y hasta se quitó la camisa. No recomiendo que vayas tan lejos, pero no tengas miedo de adorar a Dios con todo tu corazón.

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2 Samuel 4-6

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