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No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa (2 Samuel 9: 7).

Cuando el huracán Dean golpeó la península de Yucatán, en México, el 21 de agosto del 2007, todos supieron que habría daños importantes. Con vientos de más de 250 kilómetros por hora, Dean era un raro huracán de categoría 5. Solamente tres han llegado a territorio norteamericano en más de 100 años. El primero fue en 1935. Esa tormenta fue tan poderosa que levantó un tren de los rieles y mató a casi 400 personas, de acuerdo con el informe de CNN sobre huracanes asesinos. Dean hizo grandes estragos en la sofisticada zona turística de Cancún, pero no hubo reportes del daño causado a las pequeñas comunidades mexicanas de la costa.

El 10 de octubre de 2007, el Sun-Times de Chicago publicó un informe sobre los esfuerzos de los buenos samaritanos que ayudaron en la catástrofe:

Cuando el huracán Dean golpeó la pequeña aldea pesquera de Mahahual, Tim Boesen, de dieciocho años, de Creta, trabajaba allí en un proyecto ecológico de cinco semanas, patrocinado por Global Vision International. Los esfuerzos de Boesen se dirigieron rápidamente a prestar ayuda a los damnificados por el huracán, limpiando los escombros y reconstruyendo casas. Por esta razón, Tim regresará a su casa más tarde este mes. Pero por ahora está en Antigua, Guatemala, aprendiendo español y construyendo hornos para los indígenas.

Mucha gente hace buenas obras solamente cuando sabe que habrá testigos o recibirá una recompensa, pero no Tim Boesen; tampoco el rey David. Él entendía el poder de una buena obra y la bendición que viene al extender la mano a una persona necesitada cuando realmente no hay motivos.

David descubrió que el único vínculo vivo con su mejor amigo era Mefiboset, el hijo lisiado de Jonatán. David había hecho un pacto con Jonatán. Cuando se convirtiera en rey, cuidaría de sus descendientes; nunca olvidó su promesa. David llevó a Mefiboset a su casa, cuidó de él y su familia, y luego le dio toda la tierra que su padre y abuelo alguna vez poseyeron. David era el rey. No tenía que hacer algo por el hijo de Jonatán, pero lo hizo porque recordó cuán bueno había sido Dios con él.

Haz hoy algo bueno para alguien. Mantenlo en el anonimato.

NO DEJES DE LEER

2 Samuel 7-9

¿Cómo pudo un rey noble como David caer tan estrepitosamente? Ver 2 Samuel 11.


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