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LO ODIO

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El rey de Israel le respondió: «Todavía hay alguien por medio de quien podemos consultar al Señor, pero me cae muy mal porque nunca me profetiza nada bueno; sólo me anuncia desastres. Se trata de Micaías hijo de Imlá» (1 Reyes 22: 8)

¿Te parece una buena recomendación? «Hay un tipo al que Dios le habla, pero lo odio», dijo el rey Acab al rey Josafat de Judá. Admite con honestidad (y la tienes) que tú también has estado en esa situación. Te han desagradado ciertas personas por lo que dicen o hacen, o te han menospreciado por lo que dijiste o hiciste. Conocía un joven en la universidad muy parecido a Micaías. No, él no fue un profeta, pero era hijo de uno que casi lo era. Bueno, su papá probablemente no se considera profeta, pero es pastor, y Dios habla por su medio. Pero ya me salí del tema.

Conocí a Morris cuando fui monitor en el dormitorio de estudiantes de primer año. Morris era de Alabama y hablaba con el acento particular de su tierra. Tenía una sonrisa brillante y llevaba consigo una paz que la mayoría de los estudiantes no poseían.

Morris tenía amigos, pero resultaba claro desde el momento que entró al plantel, que no iba a ser el más popular. Nunca se veía en las noches que su cuarto estuviera lleno de muchachos divirtiéndose. Morris era demasiado recto. Cada noche se iba a la cama, no como esos chicos que atrapábamos cuando intentaban salir por las ventanas para ir quién sabe adónde, Morris era una presencia santa, un tranquilo y humilde testigo que incomodaba a varios muchachos. A diferencia de otros, Morris no hacía cosas que pudieran meterlo en problemas, así que muchas personas, digamos, lo quitaron de su vista. Se portaba demasiado bien para sus gustos.

Así se sentía el malvado rey Acab en presencia de Micaías. Lo odiaba porque todo lo que Micaías profetizaba parecía condenar a Acab. Cuando Micaías dijo a Acab que moriría en batalla, el rey lo mandó a la cárcel. Acab debió haberlo escuchado, ¡porque Micaías acertó nuevamente! Nunca se le ocurrió a Acab que, en vez de odiar a Micaías, debió intentar ser como él, obediente a la voz de Dios.

No «ofendas» a las personas que permanecen firmes en la verdad. Únete a ellas.

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