Regresar

SIN CAMBIOS

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Joacaz clamó al Señor, y él lo escuchó, pues vio la gran opresión del rey de Siria sobre Israel. [...] Sin embargo, siguieron el mal ejemplo de la familia de Jeroboán y no se apartaron de los pecados con que estos hicieron pecar a Israel (2 Reyes 13: 4-6).

«Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza», reza el viejo dicho, ya nadie se le aplica mejor esta verdad que al padre de Amy Stultz. Encontré su historia en un sitio web para personas que adoran confeccionar álbumes, Scrapjazz. No soy una de esas personas, pero me alegra haber encontrado la historia de Amy. Ella escribió lo siguiente sobre el inquebrantable hábito de su padre de bañarse dos veces al día:

Mi padre tiene que bañarse dos veces cada día. No importa que no haya salido de casa o no se haya ensuciado en el transcurso del día; tiene que bañarse dos veces. Se baña primero inmediatamente después de levantarse; la segunda vez, antes de acostarse. Luego de salir de la bañera, mi padre cepilla su cabello con el mismo cepillo que ha usado durante toda mi vida, y deja que su pelo se seque solo antes de hacer cualquier otra cosa. [...] Una vez lo retamos a que se fuera ala cama sin bañarse [...] pero a media noche lo atrapamos bañándose, y luego se cepilló con el mismo viejo cepillo amarillo.

¿Es así alguien que conoces? Una de nuestras más grandes bendiciones como seres humanos es la habilidad de crear hábitos. Desafortunadamente, también es una de nuestras más grandes maldiciones, específicamente cuando los hábitos negativos obstaculizan los cambios positivos.

El antiguo Israel, el reino del norte, tuvo ese problema. Jeroboán estableció un sistema falso de adoración en Israel (1 Reyes 12: 25-33), que permaneció hasta que los poderosos asirios sometieron finalmente al país. En Judá, hubo, entre tanto, cinco generaciones de reyes; Asa, Joás, Amasías, Asarías y Jotán, y ninguno logró erradicar la idolatría.

Cuando el malvado rey Joacaz de Israel clamó a Dios para que lo ayudara contra los sirios, que habían ocupado zonas enormes de la tierra de Israel, Dios oyó su ruego y le prometió levantar un libertador para Israel (2 Reyes 13). Así fue. Pensarías que después de su liberación, los israelitas harían a un lado sus otros dioses y adorarían al Dios verdadero, ¡pero NO! ¡Siguieron pecando como antes!

¿Regresamos a veces a los viejos pecados aun después de que Dios nos ha ofrecido y manifestado su gracia?

NO DEJES DE LEER

2 Reyes 13-15

 

¿Qué patrón de violencia ves en 2 Reyes 15? ¿Cuál es la lección que encierra?


Envía tus saludos a: