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EL MINISTERIO DE LA MÚSICA

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Hemán y Jedutún tenían trompetas. Címbalos y otros instrumentos musicales para acompañar los cantos de Dios (1 Crónicas 16: 42).

No puedes leer el pasaje bíblico de hoy sin advertir lo serio y meticuloso que el rey David fue con respecto a la adoración de Dios.

«Cualquiera puede hacer la oración. Ni que fuera gran cosa recolectar las ofrendas», pensamos algunas veces. «Los diáconos nada más tienen que caminar por los pasillos y pasar las canastas de la ofrenda por cada banca, y ya». A lo mejor tú no piensas eso, pero cuando yo era adolescente sí era mi opinión.

Siempre estuve dispuesto a «hacer cosas» en la iglesia, si me lo pedían. Me ponía nervioso, pero después de ver que mi padre oraba, predicaba y presentaba bebés, ya no tenía miedo de intentar cualquier cosa. Pero a pesar de mi buena voluntad de hacer cosas para Dios, aún no lograba captar qué tan consagrada era cada tarea, ya sea que limpiara los baños o hablara en la Sociedad de Jóvenes. Todo eso era sagrado y santo, pero no lo entendía.

Ahora lo entiendo, especialmente después de leer 1 Crónicas 16. Cuando el arca finalmente regresó a Israel, el rey David organizó una gran ceremonia de dedicación. Todo israelita hizo acto de presencia. El rey y los sacerdotes se vistieron con los vestidos de lino más finos que pudieron encontrar. Los descendientes de Aarón, los únicos que podían limpiar y lustrar el arca, realizaron esta labor.

Fueron elegidos músicos especiales para «cantar canciones jubilosas, acompañados por instrumentos musicales: liras, arpas y címbalos» (1 Crónicas 15: 16). Tocaron y cantaron «continuamente» ante el arca del pacto de Dios (1 Crónicas 16: 6). El rey David hasta escribió un himno especial para la ocasión, y lo entregó a Asaf, uno de los mejores músicos de Israel.

El interés de David por la adoración a Dios me conmovió profundamente, especialmente el detalle registrado en 1 Crónicas 16: 42. Hemán y Jedutún eran encargados de afinar los instrumentos. Se aseguraban de que cada instrumento tuviera el tono y el sonido precisos. Para el rey David, cada detalle de la adoración debía perfeccionarse, porque Dios era su público.

¿Cómo cambiaría la adoración en tu iglesia si supieras que el presidente de tu país estaría presente el próximo sábado?

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1 Crónicas 16-18

¿Qué hizo el rey David con todo el dinero que obtuvo de sus conquistas militares? Busca 1 Crónicas 18: 9-11. ¿No deberíamos consagrar a Dios las bendiciones que obtenemos?


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