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¡EL ORGULLO MATA!

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Después de que Roboán consolidó su reino y se afirmó en el trono, él y todo Israel abandonaron la ley del Señor (2 Crónicas 12: 1).

Definitivamente los días de gloria del reinado de Salomón se derrumbaron rápida y ruidosamente en un triste final. Probablemente recuerdas haber leído cómo el reino de Israel se dividió entre Roboán, uno de los hijos de Salomón, y Jeroboán, hijo de Nabat (en 1 Reyes 11-14). El primer libro de los Reyes lo describe muy bien, pero 2 Crónicas 10-13 nos da algunos asombrosos detales adicionales.

Por ejemplo, yo no sabía que después de que Jeroboán empezó a gobernar, las diez tribus que integraban el reino del norte de Israel, y todos los sacerdotes y levitas, huyeron hacia Judá, el reino del sur, donde Roboán reinaba. ¿Por qué? No apoyaron la adoración del becerro que Jeroboán había establecido para los pobladores de Israel (2 Crónicas 11: 13-17).

Luego tenemos un detallito en 2 Crónicas 12: 1. Para empezar, Roboán inició su reinado haciendo enojar tanto a Israel, que la nación se dividió en dos. Cuando el rey intentó ganarse otra vez al pueblo, al forzarlo a la esclavitud (¡como si eso hubiera causado gracia!), el emisario real casi murió apedreado. Roboán se volvió tan arrogante que Dios tuvo que humillarlo.

El escritor y pastor Craig Brian Larson cuenta la siguiente historia sobre los peligros del orgullo y la arrogancia:

«Pali, este toro me ha matado», dijo José Cubero, uno de los más brillantes matadores de España, antes de quedar inconsciente y morir.

Con solo veintiún años de edad, Cubero había gozado una carrera espectacular. Sin embargo, en esa [...] corrida de toros, José cometió un trágico error. Hundió su espada por última vez en el toro sangrante y delirante, que después cayó de bruces. Considerando que la batalla había terminado, José se volvió hacia el público para recibir su ovación. El toro, sin embargo, no estaba muerto. Se levantó y embistió al confiado matador. Uno de sus cuernos entró por la espalda de Cubero y perforó su corazón.

La arrogancia y el orgullo le costaron la vida a José Cubero, y casi le pasó lo mismo a Roboán. No fue hasta que se humilló, que Dios llamó al rey Sisac (2 Crónicas 12: 7, 8).

NO DEJES DE LEER

2 Crónicas 10-12

¿Por qué hizo Roboán lo malo a la vista de Dios? Ve 2 Crónicas 12: 14. ¿Te has propuesto en tu corazón buscar al Señor?


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