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¡QUÉDATE QUIETO Y OBSERVA!

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Ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará. Habitantes de Judá y de Jerusalén (2 Crónicas 20: 17).

Me maravillan las personas que han experimentado milagros. Están enfermas, así que van con un médico que encuentra un tumor maligno en sus cerebros. Luego, oran a Dios para que los cure y, quién lo dijera, milagrosamente la cosa desaparece. El médico se queda confundido.

Me encanta escuchar ese tipo de testimonios. Nunca he tenido una de esas experiencias de curación sobrenatural, pero no le sucede a la mayoría de la gente. Más bien tiendo a ver las huellas dactilares de Dios en cada raspón o cortadura que sana. La sangre que coagula, una costra en formación, la llaga que vuelve a ser piel; todas estas cosas me resultan sorprendentes. Veo milagros en las pequeñas heridas de la vida.

Vi a Dios realizar un milagro para ayudar a Joe (no es su verdadero nombre), un cercano amigo mío, y el Señor me utilizó para lograrlo. Desde hacía tiempo, Joe había orado para conseguir un nuevo empleo. Le gustaba su trabajo, pero su corazón estaba en el ministerio juvenil. ¡Joe ama a los jóvenes!

Un día me llamó el secretario de una Asociación para ofrecerme la dirección del Departamento de Jóvenes. Yo no estaba muy convencido, pero decidí considerarlo. Mi esposa y yo visitamos la Asociación; decidimos que no era el momento adecuado para mudarnos.

Durante algunos días después de la visita seguí pensando en el trabajo y lo puse en oración. Entonces Dios me dijo, muy claramente, que debía llamara Joe para preguntar si le interesaría. Fue cuando la cosa se puso interesante. Cuando le conté a Joe que había una vacante, se quedó callado en el teléfono. Pensé que no le había llamado la atención. ¡Caray que me equivoqué!

El día anterior a mi llamada, Joe y su esposa habían orado a fin de que Dios le consiguiera la oportunidad de cambiar de trabajo. Al día siguiente yo llamé con la respuesta de Dios. Joe encontró el empleo que había buscado, y Dios me permitió desempeñar un pequeño papel en ese milagro. ¿Verdad que Dios es genial?

Hoy leerás sobre una milagrosa victoria militar. El rey Josafat y todo Judá oraron para conseguir su liberación y caramba, ¡sí que la obtuvieron! Ni siquiera necesitaron levantar una sola arma. Dios hace milagros cada día. ¡Pide los tuyos!

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2 Crónicas 19-21

¿Qué tan poderosa es tu alabanza? Lee 2 Crónicas 2: 21-24.


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