Regresar

"ESO NO ES LINDO"

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Cuando aumentó su poder, Uzías se volvió arrogante, lo cual lo llevó a la desgracia (2 Crónicas 26: 16).

Si has fallado en tu lectura de la Biblia últimamente, por favor, por favor, no te pierdas el pasaje de hoy, 2 Crónicas 25-27. Estos capítulos son una lectura obligada.

No estoy seguro de si ya lo captaste, pero hay una consistencia repugnante en el comportamiento de la mayoría de los reyes que gobernaron Israel y Judá. El patrón va más o menos así. Se unge al rey a una edad relativamente joven, permanece fiel a Dios durante algún tiempo, se vuelve arrogante, abandona a Dios, y finalmente llega su destrucción. Este patrón siguieron las vidas del rey Amasías y su hijo Uzías.

Amasías escuchó con atención al profeta de Dios cuando necesitó la ayuda divina para derrotar a los edomitas (2 Crónicas 25: 7-10). Pero después de conquistarlos, el rey «se llevó consigo los dioses de los habitantes de Seír y los adoptó como sus dioses, adorándolos y quemándoles incienso» (vers. 14). El siguiente versículo dice: «Por eso el Señor se encendió en ira contra Amasías». (Umm, solo para tomar nota: Dios. Era encendida. Malo.)

Dios envió un profeta a Amasías, que le preguntó: «¿Por qué sigues a unos dioses que no pudieron librar de tus manos a su propio pueblo?» (vers. 15). Te permitiré que leas lo que pasa después, pero créeme, no es lindo.

El orgullo de Amasías se transmitió a su hijo más o menos como los alcohólicos pueden pasarle el alcoholismo a sus hijos. Uzías sucedió a su padre y llegó a ser el rey de Judá a los dieciséis años. Gobernó fielmente durante la mayor parte de sus 52 años. Poseyó una de las mentes militares más brillantes de toda la Biblia. Construyó máquinas de artillería que podían arrojar flechas y enormes rocas con vertiginosa velocidad, y las estacionó alrededor de las ciudades de Judá. En un instante, el rey podía reunir su fuerza militar de 307 500 hombres.

Pero algo cambió cuando Uzías alcanzó el auge de su poder. El orgullo se apoderó de su vida. Vio su riqueza, su temible ejército y sus afectuosos súbditos, y todo eso se le subió a la cabeza, justo como a su padre anteriormente. Impulsado por falsas ilusiones de grandeza, decidió entrar al Templo del Señor y quemar incienso a Dios, privilegio exclusivo de los sacerdotes. ¡Gran error, tío!

No te diré lo que pasó después, pero créeme. No es lindo.

NO DEJES DE LEER

2 Crónicas 25-27

Lee 2 Crónicas 26: 17-21. Pide hoy a Dios que te quite el orgullo.


Envía tus saludos a: