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USTEDES TAMBIÉN METIERON LA PATA

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¿Acaso no son también ustedes culpables de haber pecado contra el Señor su Dios? (2 Crónicas 28: 10).

«El comal le dijo a la olla...» «¿Qué quiere decir eso?», te preguntarás después de leer esa extraña oración. Dile a tus padres o algún adulto, a ver si saben lo que significa. (Ve ya mismo, si puedes).

¿Cómo les fue a los adultos? La mayoría, especialmente los mayores, han oído y probablemente, usado esa frase. Mi mamá la decía, y la agregué a mi lista de proverbios caseros. Se la usa para denunciar a alguien que actúa hipócritamente.

La lectura de hoy inicia con la descripción de las acciones de Acaz, otro rey malvado. Después de Amasías y Uzías, Jotán, el hijo de Uzías, aprendió las lecciones que su padre y su abuelo no aprendieron. Jotán «llegó a ser poderoso porque se propuso obedecer al Señor su Dios» (2 Crónicas 27: 6), y no permitió que se le subiera a la cabeza. Pero algo le pasó a su hijo Acaz. Quemó sacrificios a dioses extraños, y aun sacrificó algunos de sus hijos en sus altares. Acaz era todo un depravado.

Cuando Dios se hartó de la maldad de Acaz, les permitió, y no a una sino a dos naciones, que derrotaran a Judá. Primero los sirios. Luego Pecaj, rey de Israel, mató a 120 000 soldados de Judá en un solo día (2 Crónicas 28: 6). Las tropas de Pecaj no se conformaron con eso. Parece que olvidaron que Judá formaba parte de su familia, pues capturaron a más de 200 000 personas, incluyendo mujeres y niños.

Dios había enviado a Israel a humillar a Judá, pero a los israelitas se les pasó la mano. Habían esperado esclavizar a sus hermanos y hermanas de Judá, pero Dios no lo permitiría. El Señor dijo a Israel: «Ustedes los mataron con tal furia, que repercutió en el cielo. Y como si fuera poco, ¡ahora pretenden convertir a los habitantes de Judá y de Jerusalén en sus esclavos!» Y aquí viene el colmo: «¿Acaso no son también ustedes culpables de haber pecado contra el Señor su Dios?» (vers. 9, 10). Los israelitas del norte actuaron como si ellos jamás hubieran pecado, cosa que no era cierta. El comal (Israel) le hablaba a la olla (Judá). A ambos los habían quemado los mismos pecados; ambos eran culpables de los mismos males contra Dios. Ambas naciones habían pecado.

Antes de señalar con el dedo a los demás, primero debemos revisarnos a nosotros mismos.

NO DEJES DE LEER

2 Crónicas 28-30

¿Cómo le mostró misericordia Israel a los prisioneros de Judá? Lee 2 Crónicas 26: 12-15.


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