Regresar

LIGAR

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Cuando escuché esto, me rasgué la túnica y el manto, me arranqué los pelos de la cabeza y de la barba, y me postré muy angustiado (Esdras 9: 3).

«Oye, "Es", cálmate. No es el fin del mundo, hombre». Es lo que quise decir después de leer los primeros versículos de Esdras 9. Pero Esdras gritó: «No entiendes, Dwain. De veras que cometimos un gravísimo error. La cosa va en serio».

Yo sé que Esdras ha estado muerto durante siglos, pero cuando leí cuánto se molestó cuando descubrió que los exiliados israelitas habían ligado a mujeres de las naciones paganas, empecé a mirar más de cerca lo que habían hecho.

Antes de que Israel se hubiera asentado en la Tierra Prometida, mientras el polvo de su estadía en el desierto aún estaba adherido a sus ropas, Dios dijo: «Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos» (Deuteronomio 7: 3).

La práctica de casarse con mujeres de las naciones paganas de los alrededores empezó a cobrar intensidad bajo el rey Salomón, quien amó «a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas» (1 Reyes 11: 1-3, Reina-Valera 1960). Esta fue una de las principales razones por las que Dios permitió la conquista de Israel y Judá. Vivir en yugo desigual había desviado sus corazones del servicio al Dios verdadero, al servicio de los dioses de los «extranjeros» que amaban. Si dos personas no pueden estar de acuerdo respecto al Dios a quien sirven, ¿deberían estar juntas?

Esdras se molestó porque se repetía el mismo pecado que había llevado a Dios a partir a Israel en dos naciones, y permitir que ambos reinos fueran llevados a la cautividad. «¿Cómo pudimos ofender a Dios así después de toda la angustia por la que hemos pasado? -pareciera decir Esdras-. ¿Cómo pudimos otra vez cometer los mismos antiguos pecados, después de que el Señor nos perdonó y nos devolvió a la tierra de nuestros padres?» Esdras estaba tan disgustado que rasgó su ropa, arrancó montones de cabello de su cabeza y su cara, se negó a comer, y luego se arrodilló ante Dios para orar. ¡Uff...!

¿Te enoja el pecado? ¿Te molesta cuando ciertos amigos de la familia hacen mal, o solamente concluyes que es su problema? Para Esdras, el pecado de Israel era su propio problema, y se afanó en llevar al pueblo que amaba de vuelta al Dios que adoraba.

NO DEJES DE LEER

Esdras 7-10

La Biblia menciona tres veces en el capítulo 7 de Esdras que este era un «maestro» de la Ley de Moisés y del Dios del cielo. ¿Tuvo esto algo que ver con la reacción de Esdras frente al pecado de Israel? El no solamente enseñaba la Ley; la vivía.


Envía tus saludos a: