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¡NO HAY TIEMPO PARA LLORAR!

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Al oír las palabras de la ley, la gente comenzó a llorar. Por eso el gobernador Nehemías, el sacerdote y maestro Esdras, y los levitas que enseñaban al pueblo, les dijeron: «No lloren ni se pongan tristes, porque este día ha sido consagrado al Señor su Dios» (Nehemías 8: 9).

Un pastor contó la historia de un joven a quien conoció cierto día luego de predicar. Lo llamaré Phil, porque no se llama así. Durante varias semanas, el evangelista había hecho llamados a los presentes para que entregaran sus vidas a Dios, pero Phil se «escondía» en la parte trasera de la plataforma mientras escuchaba los poderosos mensajes. Una noche, después de otro llamado, el evangelista dejó la plataforma y encontró a Phil encogido detrás de una de las bambalinas. Phil había llorado tanto que sus lágrimas habían manchado el piso.

El pastor abrazó a Phil mientras oraba y lo animaba. Después de un momento, Phil explicó por qué se ocultaba. En el pasado, Phil había respondido muchas veces a otros llamados, pero después volvía a sus viejas costumbres. Algunos de la congregación estaban enterados de sus pecados, y nunca lo dejarían olvidar sus maldades. Cuando Phil caminaba hacia el frente en los llamados, actuaban como si él no existiera. Finalmente, Phil dejó de responder, y ya no iba a la iglesia.

Es una historia real, y se repite en los templos de todo el mundo. Algunas veces resulta difícil olvidar los errores que has cometido, especialmente cuando otros se pasan recordándotelos. En Nehemías 8, Esdras, el sacerdote, leyó el libro de la ley de Moisés a los judíos que volvieron a Jerusalén. De pie sobre una plataforma elevada, Esdras empezó a notar algo mientras leía. El pueblo lloraba. Pudo ver sus cabezas inclinadas y sus lágrimas caer al suelo. Nehemías también lo advirtió.

El libro de la ley enumeraba todos los mandamientos que Dios había dado a Israel antes de entrar a la Tierra Prometida, mismos que la nación quebrantó. Nehemías y Esdras urgieron al pueblo para que no llorara, porque tenía un futuro brillante con Dios. Ese día definiría un nuevo comienzo para ellos. Nehemías añadió: «El gozo del Señor es nuestra fortaleza» (vers. 10). Dios no quería que su pueblo se concentrara y encerrara en sus fallas pasadas. Quería que se arrepintiera y aceptara el gozo de una nueva vida en él la alegría que viene cuando tu vida se alinea con Dios es muy poderosa. Si has fallado, haz las paces con Dios, ¡ahora!

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Nehemías 7-9

¿Por qué era tan importante que los exiliados confesaran sus pecados? Nehemías 9: 2.


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