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“ODIORADE”

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Cuando Amán se dio cuenta de que Mardoqueo no se arrodillaba ante él ni le rendía homenaje, se enfureció (Ester 3: 5).

El tipo bebía grandes tragos del producto, tanto que le corría por la barba y goteaba sobre su traje Armani. «Odiorade» era su bebida predilecta, y si hubiera existido un comercial del producto, el hombre lo habría anunciado.

Aquel sujeto aficionado al «odiorade» en el libro de Ester es uno de los mayores odiadores de la Biblia. No era suficiente que el rey Jerjes lo hubiera nombrado segundo al mando en toda Persia. No era suficiente que todos conocieran su nombre. Los agradables paseos, las casas grandes, las mujeres, nada de eso era suficiente para complacerlo. Su droga favorita era el miedo. Amán no solamente quería que lo respetaran. ¡Quería que le tuvieran miedo!

Mardoqueo respetaba a Amán, pero nunca le tuvo miedo. Todos los demás se inclinaban cuando Amán pasaba, pero Mardoqueo no. ¿Has conocido personas a quienes les gusta alardear de sus títulos, sus trabajos, de su fortuna y estupenda ropa? Bien podrían llevar dentro un pequeño Amán.

El remedio de Amán para el «insulto» de Mardoqueo fue destruir a todos los judíos en Persia. ¿No crees que Amán exageró un poco? ¡Sí! Amán se enfureció tanto contra Mardoqueo, que inventó una historia sobre cierto grupo de súbditos del rey que servían a un Dios extraño (así dijo) y no respetaban las costumbres de Persia. Amán pidió al rey facultades para destruirlos. Además, entérate: El rey Jerjes, ese torpe, nunca le preguntó a Amán quiénes eran «Acábalos», dijo Jerjes.

Cuando Mardoqueo se enteró del complot, «Se rasgó las vestiduras, se vistió de luto, se cubrió de ceniza y salió por la ciudad dando gritos de amargura» (Ester 4: 1). La trampa de Amán estaba armada y en su lugar. Había conseguido una ley inquebrantable de parte del rey, porque, una vez promulgadas, las leyes de los persas no se podían revocar. Así que los judíos enfrentaban la destrucción segura. Incluso los que habían ido a construir el Templo del Señor en Jerusalén iban a ser aniquilados. Amán, el odiador, estaba a punto de consumar su venganza, pero Dios cuidaba a su pueblo.

NO DEJES DE LEER

Ester 4-6

Lee Ester 6. No se menciona a Dios en el libro de Ester, ¿pero dónde puedes observar sus huellas dactilares en este capítulo?


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