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PREGUNTAS, PREGUNTAS

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¿Quién es este, que oscurece mi consejo con palabras carentes de sentido? Prepárate a hacerme frente; yo te cuestionaré, y tú me responderás (Job 38: 2, 3).

Se necesitaron 37 capítulos del libro de Job para que Dios por fin pudiera hablar. Era momento de despejar el ambiente. Desde el principio de Job 38, el objetivo de Dios no eran Elifaz, Bildad o Zofar, mucho menos Eliú. Job era a quien tenía en la mira.

El mundo está lleno de personas que no creen en Dios. Algunos, como Lance Armstrong (siete veces ganador del Tour de France de ciclismo, pero que perdió sus títulos en octubre de 2012 por haberse drogado para competir), en su momento pueden llegar aún más lejos:

Me pregunté a mí mismo en qué creía. Nunca había orado mucho. Tenía muchas esperanzas, muchos deseos, pero nunca oraba. Durante mi niñez y juventud desarrollé una cierta desconfianza hacia la religión, pero siento que tengo la capacidad de ser una persona espiritual y tener creencias fervientes. En pocas palabras, creo que tengo la responsabilidad de ser una buena persona, y eso significa ser justo, honesto, trabajador, y honorable. [...] Al fin y al cabo, si de veras hubo allí algún cuerpo o presencia para juzgarme, espero que me juzgue por el hecho de haber vivido una vida auténtica, y no porque haya creído en determinado libro, o si fui bautizado. Si de veras habrá un Dios al final de mis días, espero que nunca me diga: «Tú nunca fuiste cristiano, así que te irás en dirección opuesta al cielo». Si eso pasa, yo le contestaré: «¿Sabes qué? Tienes razón. Adelante» (Mi vuelta a la vida en inglés), págs. 116, 117).

Lance Armstrong es ateo. No cree en Dios. Se esperaría que alguien como él haga menos a Dios durante una crisis. No me sorprendería que hasta lo culpara de sus problemas con las drogas. Pero Job era creyente. Conocía a Dios, simplemente pensó que el Señor era injusto con él. Job cuestionó la justicia divina.

Dios respondió formulando a Job una serie de preguntas muy difíciles: «¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra?» (vers. 4), empezó Dios. «¿Viste los planos, Job?» Desde ahí las cosas fueron cuesta abajo. Es más, Dios no solamente habló por el gusto de hablar. Quería que Job respondiera.

Dios recibe las preguntas de los ateos y los creyentes por igual. Somos libres de preguntar, pero él también es libre de responder, y algunas veces (como le pasó a Job) nos recuerda ser humildes.

NO DEJES DE LEER

Job 37-39

¿Por qué Dios usó las maravillas de la naturaleza para cuestionar a Job? Job 28: 29. ¿Testifica mejor de la existencia de Dios la naturaleza que los seres humanos?


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