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¡LUCES BRILLANTES!

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La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón (Salmos 97: 11).

El cristiano Philip Yancey cuenta la historia de uno de los experimentos de Sir Isaac Newton. Sabes quién fue Newton, ¿verdad? Matemático, físico, ¡una de las personas más brillantes que han caminado sobre la tierra! Newton demostró que el movimiento de los objetos en la tierra y en el cielo está gobernado por leyes naturales. ¡Sí!

Cierta vez, como parte de un experimento, el gran científico Isaac Newton miró fijamente la imagen del sol reflejada en un espejo. El brillo le quemó la retina, y Newton sufrió de ceguera temporal. Aun cuando se recluyó durante tres días entre cortinas cerradas, la mancha de luz brillante no se desvanecía de su visión. «Usé todos los recursos posibles para desviar mi imaginación del sol», escribió después, «pero si llegaba a pensar en él, en el acto veía su imagen aunque me encontrara en la oscuridad». Si hubiera mirado unos minutos más, tal vez Newton habría quedado ciego. Los receptores químicos que gobiernan la vista no pueden soportar la fuerza plena de la luz solar sin filtros.

En el experimento de Isaac Newton hay una parábola. Nos ayuda a ilustrar lo que, a la postre, aprendieron los israelitas de sus andanzas en el desierto. Habían intentado vivir con el Dios del universo visiblemente presente en su medio, pero a fin de cuentas, de los millares que gustosamente habían salido de Egipto, solamente dos sobrevivieron a la presencia de Dios. Si apenas puedes resistir la luz de una lámpara, ¿cómo podrías contemplar la del sol?

La pregunta de Philip Yancey es difícil. En los salmos que leeremos hoy, se nos insta a alabar a Dios con todo lo que tenemos, a adorarlo con «regocijo» y «presentarnos ante él con cantos de júbilo» (Salmos 100: 2). Los escritores también colocaron un gran énfasis en la asombrosa «santidad» de Dios, Pero si Dios es un ser sin pecado (santo) y nosotros pecadores, ¿es seguro entrar en su presencia? ¿No terminaremos como Newton, cegados por el resplandor de Dios?

Podemos encontrar la respuesta en Salmos 97: 11. Dios hace brillar su luz sobre el justo y alegra a quienes hacen lo bueno. La presencia de Dios nos transforma. Por eso es buena idea empezar y terminar tu día con alabanza, por ejemplo. Mírate en la presencia de Dios todo el tiempo. Cuando vivimos en la luz del cielo, nos acostumbramos a ella. Empezamos a reflejarla en nuestras actitudes, ¡y otros la verán!

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Salmos 96-100

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