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NOTAS DE GRACIA

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No sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente. No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades (Salmos 103: 9, 10).

Todo sucedió luego de un largo viaje del trabajo a la casa. Estaba muy cansado, y eso con frecuencia hace que mi pie derecho se sienta muy pesado, pero no esta vez. No iba rápido, probablemente porque era hora pico y había autos por todos lados. Imposible escapar de aquel horrible tránsito. Así que avancé como tortuga hasta que doblé en la calle que lleva a mi casa.

No llegué muy lejos.

Detrás de mí, iba una SUV que parecía una nave espacial, llena de luces intermitentes. Con una sirena capaz de despertar a los muertos, el vehículo serpenteaba entre una fila de autos. «De seguro no es asunto mío», pensé inocentemente. Pero los vehículos se salían del carril detrás de mí, en tanto la patrulla se acercaba a mi auto. Algunas personas me han llamado «delincuente» de vez en cuando, pero no tenía idea de que habían dicho la verdad. Sin duda me sentí como delincuente.

Mientras el policía se detenía detrás de mí, hice lo que habían hecho todos los otros conductores. Hice mi vehículo a un lado para dejarlo pasar, pero no se fue. Decidió quedarse justo detrás de mí. Después de haber tenido algunas disputas con otros oficiales, aprendía quedarme quieto y tener mis manos a la vista sobre el volante. (Tendrías que tenerla piel negra para entender mi temor a los policías. Ya he tenido algunas experiencias interesantes con esa gente.)

Para no hacer el cuento largo, el policía de algún modo había advertido que la calcomanía de registro de mi parabrisas había expirado. Le dije que planeaba renovarla, pero no aceptó mi historia. Quizá porque había expirado hacía casi seis meses. Está bien, merecía la multa que medio, pero habría sido más genial para él si me hubiera dejado con una advertencia y ya. ¿No crees?

Cuando pensé un poco en esa multa, entendí algo más: los seis meses disponibles para renovar mi registro habían sido ese tiempo de advertencia, mi «período de gracia». Creo que Dios me había dado gracia, pero yo la había desperdiciado. La benevolencia de Dios, como la describe el Salmo 103, está diseñada para llevarnos a hacer lo correcto. Es el mensaje que hoy medio el Salmo 103.

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