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EL BUENO

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Bien le va al que presta con generosidad y maneja sus negocios con justicia (Salmos 112: 5).

Durante la Primera Guerra Mundial, el general Peyton Conway March dijo: «Hay una ley mítica y maravillosa de la naturaleza: las tres cosas que más deseamos en la vida, felicidad, libertad y paz mental, siempre se alcanzan cuando se las damos a los demás». ¿Pero quién necesita felicidad, libertad y paz interior? La mayoría de los chicos se conformaría con un iPhone nuevo, ¿verdad? ¿No será que el camino para encontrar felicidad, libertad y paz espiritual lo encuentras con una app?

Peyton March tenía razón respecto a la bendición que proviene del acto de dar. Me acordé de esto cuando una vez leí lo siguiente:

Durante casi siete años, Melina Salazar hizo lo mejor que pudo para sonreír y atender a su más leal e irritable cliente en todo lo que necesitara.

Se aseguraba de que su comida estuviera tan caliente como el caballero la quería, aunque se quemara la boca. Sonreía en medio de sus exigencias y maldiciones. Walter «Buck» Swords, de 89 años, agradeció tal actitud y a su muerte, legó a la mesera 50 000 dólares y un Buick modelo 2000.

¿Es broma? ¿Un viejo veterano de la Segunda Guerra Mundial le dejó 50 000 dólares y un auto a una mesera? ¿Qué estoy haciendo mal? ¡Tengo que ser más amable con la gente, caramba!

Ahora, seamos claros. Melina Salazar no fue amable con «Buck» porque haya querido un dólar. Por supuesto, esperaba una propina por su servicio, pero 50 mil es un poco más que la típica propina. No investigó las cuentas bancarias del viejo cascarrabias antes de decidir tratarlo bien. Fue amable con él porque ella era amable, y el anciano nunca lo olvidó. Ella dio lo que pudo, ¡así que él le dio a ella lo que pudo!

Melina Salazar es el tipo de persona que la Biblia describe en el Salmo 112, uno de los que agregué a mis favoritos. El versículo 5 promete que le irá muy bien a la persona generosa y justa. ¿O sea que recibirá 50 000 dólares? Probablemente no, pero la amabilidad manifestada hacia otros será recompensada por Dios.

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Salmos 111-115

Lee Salmos 115: 1-8. ¿Cuáles ídolos necesitas abandonar?


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