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LOS JUICIOS CONTINÚAN

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Lo planeó el Señor Todopoderoso para abatir la altivez de toda gloria y humillar a toda la gente importante de la tierra (Isaías 23: 9).

Ya te habrás dado cuenta del tema central en esta porción del libro de Isaías. ¿Cuál es? En dos palabras: el juicio. Hemos leído de los juicios de Dios contra Egipto, Asiria, Etiopía y hasta Israel. Dios concluye el tema de los juicios concentrándose en Tiro. ¿Por qué? Bueno, hay que repasar algo de historia.

Durante la época de Isaías, Tiro era uno de los puertos más poderosos del mundo. Tenía una civilización avanzada y se le da el crédito de haber desarrollado el primer alfabeto. El impero también era extenso. Abarcaba el norte de África, y dicen que también España.

El primer gobernante de Tiro, llamado Hiram (¿lo recuerdas?), fue amigo del rey David. De hecho, fue quien proveyó artesanos hábiles y materias primas para ayudar a Salomón a construir el templo judío. Pero la amistad de Hiram con David no significaba que Tiro siguiera al Dios verdadero. De hecho, los ciudadanos de Tiro adoraban a varios dioses paganos, incluyendo Baal y Astarté, que Jezabel después importó a Israel desde… ¡adivinaste! Tiro. Fueron los dioses que Elías humilló en el monte Carmelo (1 Reyes 18).

A Dios no le agrada que tratemos de reemplazarlo por dioses falsos. En pocas semanas llegaremos al libro de Ezequiel, donde todo el capítulo 28 está dedicado a Tiro. Veamos un avance de lo que Dios opinaba de Tiro y su gobierno malvado:

El Señor me dirigió la palabra: «Hijo de hombre, dial príncipe de Tiro: "Esto dice el Señor Dios: Tienes corazón altanero, y dices: “Yo soy un dios instalado en morada divina, allí en el corazón del mar”. Pero solo eres un hombre, no Dios, aunque hayas puesto tu corazón a la altura del corazón de los dioses. "¡Te crees más sabio que Daniel, ningún enigma se te oculta! Tu sabiduría y talento te enriquecieron, acumulaste tesoros de oro y plata; con gran talento de comerciante fuiste multiplicando tu riqueza, que hizo altanero tu corazón"» (Ezequiel 28: 1-5, La Palabra).

Como que Dios lo hizo un asunto personal, ¿verdad? Así se pone cuando los seres humanos intentamos reemplazarlo. Hay un solo Dios. ¿Por qué no le das el primer lugar en tu vida?

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