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¿A QUIÉN VAS A LLAMAR?

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¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en la caballería, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes, pero no toman en cuenta al Santo de Israel, ni buscan al Señor! (Isaías 37: 1).

Uno de los grandes mensajes que podemos aprender de la lectura de hoy, es que Dios está siempre listo y esperando para ayudarnos a pelear cualquier batalla de la vida. Pero si no estamos dispuestos a pedir su ayuda, entonces da lo mismo.

Todos hemos escuchado historias tristes de chicos y chicas víctimas del bullying. Esto no es cosa nueva. Recuerdo cuando entré a la secundaria. Si hoy día no soy un grandulón, en aquella época era un enano. ¡Le tenía miedo hasta a mi propia sombra!

Recuerdo cuando uno de los muchachos más grandes de mi clase empezó a molestarme; ya sabes, me pegaba, se burlaba cruelmente de mis zapatos de supermercado barato y mi ropa fuera de moda. Entrar a la secundaria era un gran paso en el juego de la vida, y me costaba muchísimo trabajo siquiera intentar encajar en el ambiente. Así que aquel muchacho no me ayudaba.

Entonces hice lo que cualquiera con tres hermanos mayores hubiera hecho. Muy amablemente le recordé al abusivo que si no dejaba de molestarme, lo acusaría con mis hermanos mayores. Sin embargo, mi advertencia ni siquiera lo mosqueó. Ahora veo por qué.

Verás: en el barrio donde crecí, los chicos te daban una golpiza instantánea si los amenazabas con buscar refuerzos. Imagino que pensaban: «Oye, si me va a traer a su hermano mayor, ¿qué más da silo golpeo ya?». En ese momento se me escapaba esa lógica, pero ahora sí que la entiendo… después de que me hicieron pedazos.

Cuando los israelitas se tuvieron que enfrentar a Asiria, un gran enemigo, también fueron por ayuda, a Egipto, de hecho, que tenía un gran ejército y gran artillería. Pensaron que si se aliaban con ese reino, podrían derrotar a Asiria. Pero no sabían cuán equivocados estaban.

Jamás iban a poder derrotar a ese enemigo sin la ayuda de Dios. El Señor había sido su ayuda en el pasado, y estaba deseoso de defenderlos otra vez. Pero confiaban tanto en sí mismos, que nunca consultaron a Dios. Me pasó exactamente lo mismo cuando me enfrenté a los abusivos. ¡Nunca pensé en consultarlo con Dios! ¡Ay!

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Isaías 31-33

¿Qué prometió Dios hacer por Judá? Isaías 31: 4-9.


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