Regresar

LA PRUEBA DEL OLFATO

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Yo afirmo que Ciro es mi pastor y dará cumplimiento a mis deseos, dispondrá que Jerusalén sea reconstruida, y que se repongan los cimientos del templo (Isaías 44: 28).

Es muy difícil predecir algo con seguridad en este planeta, aparte de la muerte. Que tú y yo estemos vivos significa que en nuestro momento estiraremos la pata. (Definitivamente espero que Dios me arrebate al cielo antes de que aparezca la Parca.)

Algunas personas pueden predecir otras cosas con bastante seguridad, eso sí. Por ejemplo, tenemos al doctor Sydney Spiesel, graduado de la universidad Yale, y que habla frecuentemente de temas de medicina en la radio nacional. Resulta que predice con seguridad algunas enfermedades. Adivina cómo. Te sorprenderá saber que usa su nariz. Apuesto a que no sabías que alguien con diabetes, por ejemplo, tiene un ligero olor dulce. El doctor Spiesel lo sabría casi inmediatamente. ¿No te gustaría invitarlo a que oliera a algunos de tus compañeros de clase? A lo mejor su aroma se debe a más que unas cuantas duchas pendientes.

A pesar de lo maravilloso que es el doctor Spiesel, no es perfecto, bueno, no como las nuevas maravillas tecnológicas que dejarían obsoleta su nariz. Desde hace años, diversos científicos han trabajado en aparatos electrónicos que puedan literalmente olfatear enfermedades con un alto índice de certeza, al detectar ciertos químicos presentes en el cuerpo de un paciente. Impresionante, ¿verdad?

Por increíbles que sean esas máquinas, Dios todavía es el mejor predictor del futuro que ha existido. Por ejemplo: En el texto de hoy, Isaías continúa su mensaje de advertencia y redención al pueblo de Israel, diciéndole que debe abandonar sus ídolos y servir fielmente a Dios. (Bien podría hoy dar el mismo mensaje, ¿no crees?) El Señor prometió que algún día Jerusalén iba a ser reconstruida, incluyendo su Templo. En Isaías 44: 28, el profeta hasta dio el nombre del rey que gobernaría en el momento del cumplimiento de esa profecía.

Isaías habló esas palabras 150 años antes de que el rey Ciro llegara a gobernar el Imperio Persa. Tiempo después, el rey Ciro cumplió la profecía de Isaías (Esdras 1: 2-4). Pasado el exilio babilónico, Ciro permitió que Esdras, Nehemías y el resto del remanente reconstruyeran Jerusalén.

NO DEJES DE LEER

Isaías 43-45

¿Qué se suponía que fuera el pueblo de Israel en la tierra? Isaías 43: 10, 11.


Envía tus saludos a: