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¡NI SE MOLESTEN!

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Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: «¡Junten sus holocaustos con sus sacrificios, y cómanse la carne! En verdad, cuando yo saqué de Egipto a sus antepasados, no les dije nada ni les ordené nada acerca de holocaustos y sacrificios» (Jeremías 7: 21, 22).

Una vez encontré la historia de Roger Staubach en Internet. Ya lo conocía. Fue mariscal de campo de los Vaqueros de Dallas, mi equipo favorito de futbol norteamericano.

Desde pequeño he seguido a los Vaqueros de Dallas. Ganaron el Súper Tazón el mismo año que nací, y varias veces después. ¿Qué tal? Roger Staubach fue sin duda uno de los más grandes mariscales de su época, pero se distinguía de otros por una razón: jamás elegía sus propias jugadas.

Cualquier quarterback te dirá que no eres realmente bueno hasta que puedes elegir tus propias jugadas. Staubach fue grande, pero Tom Landry, el legendario entrenador de los Vaqueros, era el que planificaba cada jugada. Esto era muy difícil de asimilar para el jugador que sería miembro del salón de la fama, «Tuve que afrontar el tema de la obediencia -dijo Staubach tiempo después-. Una vez que aprendí a obedecer, hubo armonía, satisfacciones y victorias». Staubach entendió que si estaba dispuesto a que su entrenador lo dirigiera por el bien del equipo, los Vaqueros iban a ser campeones. El entrenador no necesitaba la habilidad de Staubach para escoger jugadas, sino para ejecutarlas. Necesitaba su obediencia por el bien del equipo.

Uno de los (muchos) problemas que Dios tuvo con Israel fue su desobediencia. Querían jugar a su manera; luego se disculparían con su entrenador. ¿Suena raro? Déjame explicarte. El pueblo de Israel desobedecía a Dios intencionalmente, luego llevaba ofrendas y sacrificios al Templo para pedir perdón. Dios veía su farsa. No quería sus sacrificios. ¡El Señor quería su obediencia! La obediencia era el camino hacia la vida, mientras que Israel se dirigía hacia la muerte.

Jeremías captó el enojo de Dios en esta frase: «Lo que sí les ordené fue lo siguiente: “Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo"» (Jeremías 7: 23).

Dios nos perdonará cuando metamos la pata, pero lo que realmente quiere es nuestra obediencia.

NO DEJES DE LEER

Jeremías 7-9

¿Por qué era tan difícil para Israel obedecer a Dios? Jeremías 8: 7.


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