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MATAR AL MENSAJERO

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Yo era como un manso cordero que es llevado al matadero; no sabía lo que estaban maquinando contra mí, y que decían: «Destruyamos el árbol con su fruto, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, para que nadie recuerde más su nombre» (Jeremías 11: 19).

Los capítulos 11 al 13 de Jeremías narran una conversación entre el profeta y Dios. Aprendemos varias cosas sobre «Jere» en estos versículos, como el plan que hubo para matarlo.

A los hombres de Anatot, ciudad que recibieron los sacerdotes hijos de Aarón cuando Israel conquistó Canaán (Josué 21: 13-18; 1 Crónicas 6: 54-60), no les gustó el mensaje de Jeremías. De hecho, a cualquier lugar que iba, la gente quería matarlo.

La mafia de Anatot decidió poner precio a la cabeza de Jere. Hicieron cálculos: «Si lo eliminamos, también desaparecerá su desagradable mensaje». Era la solución perfecta. ¿O no?

Esos hombres olvidaron tomar en cuenta un factor muy importante: Dios. No contaban con que el Señor le revelaría el complota Jeremías antes de que se realizara. Más aún, prometió castigar duramente a quien quisiera silenciara su profeta: «Voy a castigarlos. Los jóvenes morirán a filo de espada, y sus hijos y sus hijas se morirán de hambre. No quedará ni uno solo de ellos. En el año de su castigo haré venir una calamidad sobre los hombres de Anatot» (Jeremías 11: 22, 23). ¡Te digo, con Dios no se juega!

Las palabras que Dios habló en contra del pueblo de Anatot no fueron simples amenazas. El ejército del rey Senaquerib (leíste sobre él hace algunos días cuando amenazó al rey Ezequías) arrasó con Anatot, mientras intentaba conquistar Jerusalén, y destruyó casi todo lo que estaba a la vista. Lo que Senaquerib no destruyó, Nabucodonosor y Babilonia sí. Solamente 128 exiliados de Anatot sobrevivieron al cautiverio en Babilonia (Nehemías 7: 27).

Los hombres de Anatot no se dieron cuenta de que el mensaje no cambiaría por el hecho de matar al mensajero de Dios. Todo lo que lograron fue hacer enojar a Dios. No te molestes con los que traten de corregirte. Es mejor aceptar lo que digan y aprender de ello.

NO DEJES DE LEER

Jeremías 10-12

Examina Jeremías 12: 1-6. Jeremías no era un superhumano servidor de Dios. También le fue muy mal. ¿Cómo respondió Dios a sus quejas? Versículos 5, 6.


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