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¿Por qué no cesa mi dolor? ¿Por qué es incurable mi herida? ¿Por qué se resiste a sanar? ¿Serás para mí un torrente engañoso de aguas no confiables? (Jeremías 15: 18).

Se trata del mismo muchacho del que hablamos ayer. ¿Te acuerdas, el mismo al que Dios le había dicho que deseaban matar? Afirmativo, Jere, pero esta vez está un poco disgustado.

En los capítulos anteriores, Dios había estado arremetido furiosamente contra el pueblo de Judá. Estaba enojado, ¿verdad? ¿Cuándo fue la última vez que leíste en la Biblia que Dios dijera algo como esto: «No ruegues por el bienestar de este pueblo. Aunque ayunen, no escucharé sus clamores; aunque me ofrezcan holocaustos y ofrendas de cereal, no los aceptaré»? (Jeremías 14: 11, 12).

¿Entendiste? Dios dijo a Jeremías que dejara de orar por Jerusalén. Si el Señor le dice a alguien que deje de orar por ti, entonces sabes que estás en problemas. ¿Traducción? Te respondo con una pregunta: ¿Por qué perder tiempo orando por los que no van a cambiar?

Jeremías entendió que Dios estaba molesto con su pueblo, pero también le preocupaba que lo alcanzara la «tormenta perfecta» del juicio divino.

«Jere, ¡tranquilo, amigo!», parece haberle dicho Dios, aunque, bueno, esas no fueron las palabras exactas. «De veras te liberé para bien; haré que el enemigo te suplique en tiempos de calamidad y de angustia» (Jeremías 15: 11).

Jeremías no escuchó, sino que se confesó ante Dios: «Nunca fui a clubes ni fiestas. Es más, casi siempre he estado solo, pero aun así me haces sufrir» (vers. 17). Palabras muy duras, ¿no? Pero espera, se pone peor: «Dios, eres un torrente engañoso, no se puede confiar en ti». ¡Esto debió doler!

Jeremías le decía a Dios que era como el hermoso murmullo de un arroyo que invita al sediento a beber. A lo lejos, el agua se ve maravillosa, pero de cerca, resulta que es un espejismo. ¡Nunca existió!

Pocos personajes de la Biblia se han atrevido a hablar tan duro a Dios como lo hizo Jeremías. Algunas veces en medio de nuestro dolor y aflicción podemos decir cosas muy feas contra el Señor. Pero él nunca pierde la fe en nosotros, y tampoco dejó de creer en Jeremías.

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Jeremías 13-15

Dios se molestó realmente con las acusaciones de Jeremías. ¿Cómo le respondió? Jeremías 15: 19.


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