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LADRONES AL MANDO

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Los profetas corren tras la maldad y usan su poder para la injusticia (Jeremías 23: 10).

«Todo poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre malos». El historiador y moralista inglés John Emerich Edward Dalberg Acton, barón Acton para los amigos, escribió esas palabras.

Hace diez años leí la lista de los líderes políticos más corruptos del mundo, que publicó la organización Transparencia Internacional. La integraban los que más dinero se habían embolsado durante 20 años mientras gobernaron sus países. Supongo que hoy la lista no sería igual a la de 2004, pero dudo mucho que algún ex mandatario supere a esos hombres. En primer lugar estaba Mohamed Suharto, ex presidente de Indonesia, que, se cree, le robó a su pueblo entre 15 y 35 mil millones de dólares. Lo seguía Ferdinando Marcos, de Filipinas: Robó de cinco a diez mil millones. El siguiente era el expresidente del Congo, con cinco mil millones. Luego Sani Abacha, que robó durante su presidencia entre dos y cinco mil millones. Creo que ya me entiendes. Esos hombres poderosos se enriquecieron mientras millones de sus ciudadanos sufrían.

Lo más triste de esa lista presidencial de ladrones es ver que ninguna cifra les parecía suficiente. Después de que el presidente Suharto robó los primeros cinco mil millones y los escondió en una cuenta bancaria en Suiza, ¿por qué robó otros treinta mil millones? Bueno, cuando el poder corrompe, no conoce límites.

Se puede tolerar y hasta esperar la corrupción en los políticos, pero nada hay más triste y decepcionante que un líder religioso corrupto, que usa el poder que recibió para beneficiarse así mismo. Recientemente me enteré del caso de un matrimonio que pastoreaba una mega iglesia. El esposo tenía un Bentley convertible (carisísimo) y vivían en una mansión millonaria frente al mar. Todo lo habían conseguido con los diezmos y las ofrendas de miembros con muy pocos recursos. Este tipo de explotación es peor que la de los políticos, pues se espera que los dirigentes religiosos actúen correctamente. Responden a una autoridad superior, la de Dios.

Como leerás hoy, la corrupción entre los dirigentes religiosos fue la gran razón por la que Dios envió al exilio a Israel y a Judá. Los dirigentes religiosos corruptos conducen al pueblo al pecado.

NO DEJES DE LEER

Jeremías 22-24

¿Qué le decían los falsos profetas al pueblo? Jeremías 23: 16-18.


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