Regresar

ESTE ES TU MOMENTO

Matutina para Android

Play/Pause Stop
¿Por qué te jactas de tus valles, de tus fértiles valles, hija rebelde, que confías en tus tesoros y dices: «Quién me atacará»? (Jeremías 49: 4).

Hemos llegado al final del libro de Jeremías. Hace algunos días conocimos a un jovencito tímido que Dios llamó para que llevara un mensaje que podía convertirlo en la persona más odiada en todo el territorio de Judá. A pesar de todo, Jeremías permaneció fiel. Nunca se mordió la lengua para denunciar el pecado. Dijo lo que Dios le pidió, y mucho más que eso.

El libro concluye casi como empezó, con un Dios que anuncia sus juicios contra las naciones que se burlaron de él. En Jeremías 48: 14, Dios preguntó a los moabitas: «¿Cómo se atreven a decir: “Somos guerreros, hombres valientes para la guerra"?». Los moabitas eran feroces guerreros que se enorgullecían de su habilidad para derrotar a cualquiera que se atreviera a meterse con ellos. Confiaban en su asombroso poder militar para librarse de cualquier agresor (Pero subestimaron a Dios.)

¿Conoces alguna nación que confíe demasiado en su poder militar?

En Jeremías 49: 4, Dios fue incisivo como un rayo láser contra los amonitas, que admiraban y amaban sus riquezas. Si hoy existieran, seguramente te llevarían a dar una vuelta en sus lujosos yates por la «Riviera Francesa», a cenar en los restaurantes más elegantes, y te dejarían en tu casa en sus jets privados. Mientras los amonitas descansaban sobre los laureles de su falso sentido de seguridad, cayó sobre ellos destrucción repentina a causa de sus pecados. Pero aun así rehusaron cambiar.

También los edomitas padecieron los juicios de Dios por su inmenso orgullo. Era un pueblo que vivía en las cuevas altas de las montañas. Hubiera sido un suicidio tratar de atacarlos desde abajo, pero a Dios no lo impresionaban. «Aunque pongas tu nido tan alto como el del águila, desde allí te haré caer, afirma el Señor» (Jeremías 49: 16).

El libro de Jeremías tiene lecciones importantes, pero ninguna tan importante como esta: Cuando Dios nos da la oportunidad de arrepentirnos y abandonar nuestros pecados, hagámosle caso. Si nos aferramos al orgullo, a las posesiones o al poder humano, sufriremos. ¡Dios realmente sabe lo que es mejor para nosotros!

NO DEJES DE LEER

Jeremías 49-52

¿Qué le hicieron Nabucodonosor y su ejército a Jerusalén? Solo piensa, Israel se hubiera podido ahorrar todo ese dolor, y la angustia, si hubiera obedecido a Dios.


Envía tus saludos a: