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TOMA MI VIDA, POR FAVOR

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¡Ay, cuán desolada se encuentra la que fue ciudad populosa! ¡Tiene apariencia de viuda la que fue grande entre las naciones! ¡Hoy es esclava de las provincias la que fue gran señora entre ellas! (Lamentaciones 1: 1).

¿Has querido alguna vez vender tu vida? El 18 de marzo del 2007, el mundo conoció a una persona que sí quería. Esto es lo que el Inquirer, un respetado periódico británico, informó:

Un australiano de 45 años de edad que vive en Perth (Australia ofrece su vida entera en paquete por eBay después de que su esposa lo dejara. Ian Usher, originario de Inglaterra, decidió que necesitaba comenzar de cero y empezar una «vida nueva» después de que su matrimonio de ocho años con su esposa Laura terminara abruptamente.

Su página en Internet ofrece a los potenciales compradores detalles específicos de su vida. En su página se lee: «Qué tal, me llamo Ian Usher, ¡y estoy harto de mi vida! ¡Ya no la quiero! ¡Puedes tenerla si lo deseas!».

No se quién era Laura, pero debió ser una gran mujer.

lan Usher tenía el corazón tan roto por la pérdida de la mujer que amaba, que subastó todo lo que poseía, incluyendo sus amigos y su trabajo. Hasta hizo un trato con su empleador en Australia. Quien comprara la vida del señor Usher recibiría su empleo después de dos meses de prueba.

Una tragedia puede afectarnos profundamente. En el libro de Lamentaciones miramos hacia el interior de la pesadilla más profunda de un hombre. Durante más de 40 años, Jeremías predicó sobre la destrucción de Jerusalén a manos de los babilonios, pero nada lo preparó para el horror de vivir el acontecimiento. Vio la ciudad en cenizas, el templo saqueado y quemado, los habitantes de Judá asesinados, torturados y cautivos. Jeremías lloró.

Mientras lees los lamentos de Jeremías por Jerusalén, recuerda la oportunidad que hoy tienes de acercarte a Dios. ¡Aprovecha al máximo todas las oportunidades para amarlo con todo tu corazón!

NO DEJES DE LEER

Lamentaciones 1-3

Jeremías encontró una razón para tener esperanza en medio de su dolor. Lamentaciones 3: 21-26.


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