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Permítenos volver a ti, Señor, y volveremos; devuélvenos la gloria de antaño (Lamentaciones 5: 21).

Cuando yo era niño en la década de 1980 (sí, hace 30 años), había varios programas en la televisión que no quería perderme cuando llegaba de la escuela. He-man, Volton y, por supuesto, Transformers, eran mis favoritos. ¡Optimus Prime era mi héroe! (Como puedes ver, la televisión arruinó mi vida.)

A la tardecita veía El show de Bill Cosby, que por lo general lo pasaban a las ocho. Pero cuando pasaban mi programa más favorito, El gran héroe americano, yo era capaz de hacer cualquier cosa con tal de que mis padres me dejaran verlo. (¿Nunca has escuchado de este programa? ¡YouTube, YouTube!)

El gran héroe americano consistía en las aventuras de un fulano llamado Ralph Hinkley, que combatía el crimen y además usaba un traje que le habían dado unos extraterrestres; dotaba a Ralph de poderes sobrenaturales. Pero había un problema: Ralph había perdido el manual del traje, así que no sabía cómo usarlo. ¡Créeme, nunca has conocido un superhéroe como este! No tenía idea de cómo volar; lo que es peor, no sabía cómo aterrizar. ¡Era súper chistoso!

Recientemente decidí entrar a YouTube para ver si había algunos episodios del programa. ¡Para mi sorpresa, hay cientos! Me emocioné tanto al ver el programa favorito de mi niñez que hasta canté su canción tema. Vi a Ralph volar y estrellarse. Otra vez fui niño.

Estaba de nuevo en el pequeño apartamento que mis padres alquilaban encima de una clínica dental. Podía oler el rico aroma del pan que horneaba mi mamá, el sonido de los autos que transitaban y los gritos de nuestros vecinos, que nunca conocimos. Todo era lindo. ¡Bueno, quizá no todo!

He vuelto un par de veces a mi viejo barrio. Ha cambiado. Básicamente, las drogas han destruido la vida de la comunidad. Las personas que vi expresaban miedo, como los refugiados de otros países. Después de ver cómo estaban las cosas allí, decidí proteger mis mejores recuerdos.

Jeremías sabía lo que se siente perder la niñez. Los recuerdos eran buenos, pero quería más. Quería que Dios restaurara la gloria de su nación. ¡Entiendo su dolor!

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Lamentaciones 5: 1-10. ¿Qué retos en tu vida quisieras que Dios recordara?


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