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PUERTAS SIEMPRE ABIERTAS

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También me dijo: «Hijo de hombre, ¿ves las grandes abominaciones que cometen los israelitas en este lugar, y que me hacen alejarme de mi santuario? Realmente no has visto nada todavía; peores abominaciones verás» (Ezequiel 8: 6).

Hoy leerás el capítulo 8 de Ezequiel, uno de los más importantes de la Biblia. Este texto nos recuerda que los pecados que acariciamos y escondemos, tarde o temprano, nos rebasan y dominan. Lee los siguientes versículos y piensa profundamente en tu vida.

Entré y vi toda clase de imágenes de reptiles y animales repugnantes; todos los ídolos de Israel grabados en la pared, todo alrededor. Setenta ancianos de Israel (entre ellos Jazanías, hijo de Safán) estaban delante de ellos, cada uno con su incensario, mientras se elevaba el humo del incienso. Entonces me dijo:

-¿Has visto, hijo de hombre, lo que hacen en la oscuridad los ancianos de Israel, cada cual junto a la hornacina donde están sus imágenes, al tiempo que piensan: «El Señor no nos ve, pues ha abandonado el país»?

Y añadió:

-Pues seguirás viendo las horribles abominaciones que cometen.

Me condujo a la entrada del Templo del Señor que da al norte, y vi a unas mujeres que estaban allí llorando a Tamuz. Me dijo entonces:

-¿Ves esto, hijo de hombre? Pues todavía verás abominaciones mayores que estas.

Me condujo al atrio interior del Templo del Señor. Y a la entrada del santuario, entre el vestíbulo y el altar, vía unos veinticinco hombres de espaldas al santuario del Señor y vueltos hacia oriente: estaban adorando al sol. Me dijo entonces:

-¿Ves esto, hijo de hombre? ¿No le basta a Judá con cometer las abominaciones que cometen aquí, que encima llenan el país de violencia y me irritan una y otra vez? Mira cómo se llevan el ramo a la nariz. Pues también yo actuaré con cólera; no pienso compadecerme ni perdonarlos. Me llamarán a gritos, pero no les prestaré atención (Ezequiel 8: 10-18, La Palabra).

NO DEJES DE LEER

Ezequiel 7-9

¿Qué decía el pueblo de Judá cuando pecaba? Ezequiel 9: 9, 10.


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