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UNA LECCIÓN DE HISTORIA

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El día diez del mes quinto del año séptimo, unos jefes de Israel vinieron a consultar al Señor y se sentaron frente a mí (Ezequiel 20: 1).

¿Ya te cansaste, o sigues conmigo? Sé que algunas partes de la Palabra de Dios pueden ser un poco difíciles de entender y digerir, pero créeme, vale la pena el esfuerzo. Ponerle energía y entusiasmo a la lectura de las Sagradas Escrituras fortalece nuestra mente. El libro de Ezequiel es difícil de leer, porque la clase de imagen que proyecta de Dios no es la que aprendemos en las Divisiones Infantiles de la Escuela Sabática. Ezequiel expresa claramente el enojo del Señor, y el panorama no es muy bonito que digamos.

En el capítulo 20 de Ezequiel, Dios se tomó un momento (más bien, muchos momentos) para poner en orden las razones por la que estaba enojado con su pueblo. Casi podríamos ver las lágrimas del Señor al hablar:

Adviérteles que así dice el Señor omnipotente: «El día en que elegía Israel, con la mano en alto le hice un juramento a la descendencia de Jacob. El día en que media conocer a ellos en Egipto, volvía hacerles este juramento: “Yo soy el Señor su Dios”. En aquel día, con la mano en alto les juré que los sacaría de Egipto y los llevaría a una tierra que yo mismo había explorado. Es una tierra donde abundan la leche y la miel, ¡la más hermosa de todas! A cada uno de ellos le ordené que arrojara sus ídolos detestables, con los que estaba obsesionado, y que no se contaminara con los malolientes ídolos de Egipto; porque yo soy el Señor su Dios» (vers. 5-7).

Quienes salen de la cárcel después de haber estado allí injustamente no olvidan jamás al juez que los liberó. Hace algunos años, el noticiero CNN presentó un reportaje de la liberación de Willie Earl Green, que había estado preso durante 25 años. Un testigo falso mintió a la policía y acusó a Green por un crimen que no había cometido. Dio igual que no hubiera alguna evidencia para culparlo. La policía arrestó a Green, un juez lo condenó, y los 25 años que pasó en la cárcel casi lo destruyeron. Pero ahora es un hombre libre gracias a un juez que finalmente lo puso en libertad.

¿Qué pensarías del Señor Green si luego lo vieras escupir a la cara al juez que lo liberó? Que estaría loco, ¿no? Bueno, pues esto fue exactamente lo que Israel hizo con Dios después de que él los liberara de los 400 años de esclavitud en la cárcel egipcia. Ofendieron a Dios de muchos modos, hasta que él se vio forzado a castigarlos.

NO DEJES DE LEER

Ezequiel 19-21

¿Tratas de servir a dos amos? No te conviene (Ezequiel 20: 39).


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