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Esta tierra será su posesión en Israel; así mis príncipes no volverán a oprimir a mi pueblo, sino que dejarán que las tribus de Israel ocupen la tierra (Ezequiel 45: 8).

¿Sabías que los perros son animales de manada? Se mueven estrictamente bajo el orden de la jauría. Es difícil creer que los perros sean así, puesto que la mayoría vive en familia con seres humanos. Pero si recorres la llanura en Australia, verás jaurías de perros salvajes. Los dingos son tan feroces que hasta los depredadores más grandes los evitan.

En cada manada hay un macho alfa. Es el más fuerte y quien pone orden. Si algún perro cuestiona ese liderazgo, entonces tendrá que LUCHAR. En caso de que sobreviva al pleito, retornará a la jauría y asumirá su lugar. El macho alfa obliga a la jauría a obedecer las reglas para mantener el orden. Los perros se ordenan a sí mismos instintivamente, porque es esencial para la sobrevivencia. Aunque los hemos domesticado y convertido en mascotas, los perros aún tienen la necesidad de la «jauría». Los entrenadores de perros te dirán que cuando lleves uno a tu casa, será mejor que asumas tu papel de líder alfa, o el perro lo asumirá. ¿Has visto El encantador de perros en TV?

Las personas son perros. Bueno, a lo que me refiero es a que necesitamos orden en nuestra manada humana. Dios nos hizo así. Es el líder de nuestra manada, pero también llamó a ciertas personas para que nos guíen aquí en la tierra. Los líderes de Dios tienen una función muy importante. Sirven para el bien de la comunidad. Deben generar un ambiente que no solamente permita que la manada sobreviva sino que también prospere.

En Ezequiel 45: 7-12, Dios describe a los líderes de su reino ideal. En este, los dirigentes no roban la tierra de los demás para quedársela. Piensa un momento. ¿Cómo serían hoy los Estados Unidos si los colonizadores de este país hubieran seguido ese principio? ¿Nuestros hermanos y hermanas indígenas se habrían quedado con las peores porciones de la tierra que era suya y de sus ancestros? En la cultura de los nativos norteamericanos la tierra no tiene dueño. Ellos creen que el Gran Espíritu del cielo es el dueño de todo. Los conquistadores, y luego los colonizadores, se aprovecharon de esta creencia para robar la tierra a los «indios». Lo que no pudieron robar, lo tomaron a la fuerza.

En el reino de Dios, el fuerte cuida al débil. ¿No crees que ya es hora de un cambio?

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Ezequiel 45-48

¿Cuáles el nombre de la ciudad modelo de Dios? Ezequiel 48: 35. ¿Qué te dice esto?


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