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UN CAMPESINO EN LA CIUDAD

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Estas son las palabras de Amós, pastor de Tecoa. Es la visión que recibió acerca de Israel dos años antes del terremoto, cuando Uzías era rey de Judá, y Jeroboán hijo de Joás era rey de Israel (Amós 1: 1).

Yo no nací en el campo. Es un lugar de criaderos de cerdos, kermeses, caseríos, polvorientos overoles, chicos que se llaman José y chicas que se llaman María. Definitivamente no soy del campo, y qué lástima.

Pero sé lo que significa ser del campo. Pasé mi niñez y adolescencia en la década de 1980, en las duras calles de East Orange, Nueva Jersey. Fueron días de Zapatillas Adidas, boinas, hebillas con tu nombre grabado (si podías pagarlo), pantalones Levi's con vistosas costuras por delante y por detrás. Yo era todo un citadino, al menos eso pensaba. La única vez que me sentí del campo fue cuando estuve listo para ir a la Gran Manzana, en Nueva York.

Los muchachos de Jersey éramos leones vegetarianos comparados con los curtidos criminales de Nueva York, o por lo menos eso pensaban todos. Cuando estuvimos ahí nos advirtieron que no miráramos a los ojos a la gente, ni levantáramos la vista para mirar los rascacielos. Había solamente dos clases de personas que hacían ese tipo de cosas: los turistas y los campesinos. Ser turista era malo. Pero «campesino», ¡por favor no! (Aunque los tiempos cambian, ahora sueño con la idea de vivir en el campo.)

La gente de las grandes ciudades siempre ha subestimado a los campesinos, o quienes viven en pueblos pequeños. Hasta cuando el profeta Amós comenzó su ministerio. Él era de un lejano y apartado lugar llamado Tecoa, y lo único peor era su aroma. Olía a oveja. (Así huelen los pastores, ¿me entiendes, no?) Amós era un campesino y estaba orgulloso de serlo.

Dios llamó a este campesino para que fuera a la gran ciudad a dar un doloroso mensaje. ¿Qué se suponía que debía hacer Amós cuando llegara? Bueno, no mucho: solamente llegar hasta el centro idolátrico más grande de la ciudad, y decirles a todos que el juicio de Dios estaba a punto de caer sobre Israel. ¿Te imaginas lo que pensó la gente de esa gran ciudad cuando vio a Amós?

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Amós 1-3

 

Uno de los mayores temas en Amós es la relación deteriorada entre Israel y Dios. Lee Amós 3: 3. ¿Estás tú en la misma sintonía con Dios?


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