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YO TENGO EL PODER

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Yo, en cambio, estoy lleno de poder, lleno del Espíritu del Señor y lleno de justicia y de fuerza, para echarle en cara a Jacob su delito, para reprocharle a Israel su pecado (Miqueas 3: 8).

Una de las maravillosas cualidades de Dios es que nunca nos castiga sin antes darnos muchas oportunidades para corregir nuestros errores. Por medio de sus profetas, el Señor advirtió a Israel y a Judá que iban en la dirección incorrecta, y que se destruirían si seguían así. Miqueas, como los otros profetas que hemos leído, expone el mismo mensaje. Sus profecías fueron dirigidas especialmente al reino del sur, Judá, y como ya sabes, ahí estaban dos de las doce tribus originales de Israel.

La vida de los profetas de la Biblia no fue fácil. Basta con leer el libro de Oseas para darse cuenta. ¿Pero hay diferencia hoy? ¿Es ahora más fácil predicar la Palabra de Dios? No lo creo.

Tal vez no sepas o recuerdes lo que pasó en abril de 2007. Unos misioneros en la provincia de Malaita, en las Islas Salomón, acordaron reunirse con unos musulmanes que estaban interesados en conocer más sobre la fe cristiana.

Cuando los misioneros llegaron al lugar acordado, los secuestraron cinco de esos «jóvenes interesados». Los llevaron a un refugio donde ya tenían preparados cuchillos, armas, toallas y sogas. Los jóvenes sabían que iban a hacer algo sangriento. Días después encontraron los cuerpos de los tres misioneros, con evidencias de que los habían torturado durante más de tres horas antes de morir.

Servir a Dios nunca ha sido fácil, pero ayuda saber que él está verdaderamente con nosotros, aunque a veces decida no intervenir. Miqueas sabía que Dios estaba con él. Sabía que estaba lleno del poder de Dios, y además de justicia y fuerza. Justicia, porque la gente con poder debe ser justa; y fuerza, porque se necesita valor para mantenerse firme y hacer lo correcto.

¿No quisieras llenarte del poder de Dios? Yo espero que sí, porque el mundo necesita con seguridad el mensaje que tienes para dar.

NO DEJES DE LEER

Miqueas 1-3

Tienes que saber que Dios está contigo para hacer esto: Miqueas 1: 8.


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