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FUERTE HASTA EL FINAL

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«Vayan ustedes a los montes; traigan madera y reconstruyan mi casa. Yo veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria», dice el Señor (Hageo 1: 8).

Cuando decidí escribir un libro de meditaciones matinales para los 365 días del año, no tenía idea de en qué me metía. Había escrito algunas meditaciones, pero nunca un matinal completo. No creo haber tenido en toda mi vida 365 pensamientos originales, así que hacer brotar tantas ideas en poco tiempo era positivamente aterrador.

Comencé con fuerza y grabé varias meditaciones con rapidez. ¿Eran buenas? Bueno, eso esperaba. Sentí que Dios me guiaba. Pero cuanto más escribía, más difícil se me hacía. Tenía que cumplir con mi empleo. Tenía una esposa que cuidar (¡sí!), eso sin contar todo lo que hacía en mi iglesia. Durante un buen tiempo no escribí. La tarea me abrumó totalmente.

Necesitaba un empujón para seguir adelante, así que fui a ver a mi editora, la mujer que me pidió este libro. Ella cree en mí. (Sigo sin saber por qué.)

-Sé que vas a terminarlo, Dwain. ¡Claro que sí! Muchos chicos necesitan este libro. Algunos se salvarán gracias a él. Tienes que terminarlo.

Me senté en su oficina, pensando: «Voy a terminar este libro, cueste lo que cueste». Estaba atrasado, pero me dispuse a no fallar.

Todos necesitamos palabras de ánimo cuando se avecina una tarea difícil. Cuando los judíos fueron liberados del exilio en 538 a.C. y se les permitió que volvieran y reconstruyeran Jerusalén, enfrentaron muchos obstáculos. Vimos algunos de estos desafíos en los libros de Esdras y Nehemías. Hageo se encontraba en el grupo de los exiliados que regresaron a Jerusalén.

La reconstrucción comenzó muy animada, pero con el tiempo la gente comenzó a construir casas, plantar jardines y vivir tranquilamente. Se olvidaron de la casa de Dios porque estaban muy ocupados con sus preocupaciones. Hageo y Zacarías, de quienes hablaré más adelante, hicieron un llamado a la nación para que terminara lo que había prometido a Dios.

Las palabras de Hageo eran justamente lo que el pueblo necesitaba escuchar. Terminaron su trabajo.

NO DEJES DE LEER

Hageo

¿Qué les pasaba a los judíos mientras descuidaban la casa de Dios? Hageo 1: 5, 6.


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