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EVEREST

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¿Quién te crees tú, gigantesca montaña? ¡Ante Zorobabel solo eres una llanura! Y él sacará la piedra principal entre gritos de alabanza a su belleza (Zacarías 4: 1).

Everest. El monte Everest. La montaña más difícil de escalar. La más alta de la tierra. Para llegar a la punta tienes que subir 8850 metros (solo para que te des una idea, muchos aviones alcanzan una altitud de 8500 metros). Varios factores hacen casi imposible alcanzar la cima del Everest. Los fuertes vientos y un frío que cala los huesos, un ascenso muy empinado, un clima extremadamente impredecible, etcétera. Esta montaña ha humillado incluso a los más experimentados alpinistas.

Si escalar el Everest es complicado, imagina subir 8850 metros en la oscuridad. Suena muy descabellado, ¿verdad? Pero eso fue exactamente lo que hizo Erik Weihenmeyer.

Tom Foreman, redactor de National Geographic, escribió: «Abriéndose paso entre fríos brutales, vientos salvajes y un cansancio abrumadora una altura de 8850 metros, alcanzó la cima del mundo; pero no pudo siquiera ver un destello breve de ese famoso paisaje. Es el único ciego que se ha parado en la cumbre del Everest».

Erik Weihenmeyer no se conformó con esto. Escaló otras seis de las montañas más altas del mundo, y en el 2004 guió a un grupo de adolescentes tibetanos ciegos hasta una cima elevada del Everest. Sí, asombroso.

En Zacarías 4 vemos a un hombre que trabajaba no solamente con uno, sino con varios discapacitados. Dios llamó a Zorobabel para conducir la reconstrucción del Templo de Jerusalén, y casi inmediatamente las cosas comenzaron a salir mal. Al pueblo no le importaba el Templo, los materiales eran difíciles de conseguir y los enemigos acechaban el lugar de trabajo. Para Zorobabel, la tarea era como una gran montaña. Tenía razón.

Dios fue con Zacarías y le dijo: «Esta es la palabra del Señor para Zorobabel: “No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu”, dice el Señor Todopoderoso» (vers. 6). El Espíritu de Dios, no la fuerza o el ingenio de Zorobabel, terminaría el trabajo. Pero Dios no se detuvo allí. Prometió a Zorobabel que lo ayudaría a alcanzar la cima de aquella gran montaña. Si Dios hizo eso por Zorobabel, seguramente hará lo mismo por ti.

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Zacarías 4-6

Si quieres hacer algo grande, comienza con las pequeñas tareas. Zacarías 4: 10.


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