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YO NO CAMBIO

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Yo, el Señor, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados (Malaquías 3: 6).

¿A qué se debe que los israelitas, descendientes de Jacob, no fueron destruidos completamente por sus enemigos? Encontramos la respuesta en Malaquías 3: 6. Dios no cambia.

Todo cambia.

Hace ya varios años fui a una boda en Miami. Recuerdo haber pensado: «Este va a ser el viaje de mi vida». Tienes que entender que yo crecí en la Costa Este de los Estados Unidos, donde lo normal son las tormentas eléctricas y las nevadas. En mi cabeza danzaban imágenes del cielo azul de la Florida, bueno, al menos hasta el día de la boda, cuando un perfecto cielo azul se convirtió en un pálido gris. Momentos después comenzó a llover. Mi día perfecto se convirtió en una mojada pesadilla.

Todo cambia.

Cuando me casé, hace 19 años, mi esposa pesaba la asombrosa cantidad de 50 kilogramos. Caramba, ¡estaba lindísima! Tenía una personalidad alegre y un estilo original que me enamoró. ¡Esa es mi chica! Ahora pesa 66 kilos. (Sí, lo sé, te dije su peso, y ahora seguramente me va a matar.)

Mejor te cuento la historia completa. Cuando escribí esto, mi esposa estaba embarazada de cinco meses de nuestro primer hijo, un hermoso varón. Nunca pensé que me encantaría ver a mi tesoro con algunos kilos demás, pero ese bebé ha hecho de ella la mujer más hermosa que jamás haya visto. ¡Me deslumbra! Algunas veces los cambios te dejan sin aliento.

Así, mientras las estaciones y los tiempos cambian, hay un ser que nunca cambia, del que podemos depender: Dios. ¿Has escuchado a alguien decir: «¡Dios me abandonó!»? Si lo has escuchado, no lo creas. Simplemente no es verdad. Somos nosotros los que dejamos a Dios. Él no nos abandona. Aun cuando Israel había fallado muchas veces, Dios estaba ahí esperando para darle su amor.

Dios también le dijo a Israel por medio de Malaquías: «"Desde la época de sus antepasados se han apartado de mis preceptos y no los han guardado. Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes”, dice el Señor Todopoderoso» (Malaquías 3: 7).

NO DEJES DE LEER

Malaquías 3, 4

¿Qué había separado a Israel de Dios? Malaquías 3: 8-12.


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