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ESCUPIR SOBRE LA BIBLIA

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Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias (Mateo 5: 11).

Hoy tengo tanto que escribir que no sé por dónde empezar. Pensé en concentrarme en la tentación de Jesús en el desierto. Este episodio me dejó con muchas preguntas. ¿Por qué el Espíritu Santo llevó al Maestro a un lugar en donde iba a ser tentado? ¿Por qué Satanás ofreció a Jesús algo que ya le pertenecía? Oye, esto no me cierra.

Las tentaciones de Jesús me tentaron a escribir sobre ellas, pero luego leí Mateo 5: 11, 12, y recordé haber leído la siguiente historia:

Los soldados de un país comunista habían descubierto un grupo de personas que estudiaban la Biblia a escondidas. [Mientras el pastor estaba leyendo la Biblia] entró a la casa un grupo de hombres armados, y aterrorizaron a los creyentes que se habían reunido ahí para adorar a Dios. El oficial a cargo del grupo apuntó con su arma a la cabeza del pastor y le ordenó:

--Dame tu Biblia.

Titubeando, el pastor le entregó su Biblia, su posesión más valiosa. Con una mueca de desprecio en la cara, el soldado arrojó la Escritura a sus pies.

-Los dejaremos ir -gruñó-, pero primero deben escupir sobre este libro de mentiras. Al que se niegue lo matamos.

Un soldado apuntó con su arma a uno de los hombres:

-Tú primero.

El hombre se levantó lentamente, luego se arrodilló frente a la Biblia y escupió renuentemente sobre ella, mientras oraba: «Padre, por favor perdóname». Después lo dejaron ir.

Luego empujaron a una mujer sobre la Biblia. Lloraba desconsoladamente y apenas pudo hacer lo que le exigieron los soldados. Escupió un poco, pero fue suficiente para que la liberaran.

Entonces, una pequeña niña se acercó tranquilamente a la Biblia. Llena de amor por su Señor se arrodilló y levantó la Biblia. Limpió la saliva con su vestido. «¿Qué le hicieron a tu Palabra? Por favor perdónalos», oró. Los soldados comunistas la mataron (dcTalk, Jesus Freaks, pág. 31).

NO DEJES DE LEER

Mateo 4-6

A lo mejor nunca tendrás que sacrificar tu vida por Cristo, pero servirle te costará algo. ¿Cuánto vale Jesús para ti?


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