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NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

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Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, «¿De dónde sacó este tales cosas?», decían maravillados muchos de los que le oían. «¿Qué sabiduría es esta que se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos?» (Marcos 6: 2).

Hay tantas cosas que me encantan de los capítulos 4 al 6 de Marcos, que no sé por dónde empezar. El exorcismo de un hombre poseído por el demonio, mencionado en Marcos 5, siempre me provoca escalofríos. Me recuerda a un chico que decía sentir que «algo o alguien» entraba en su habitación y trataba de matarlo. Después de dormirse, «alguien» lo tomaba del cuello y lo asfixiaba.

Después de que esto se repitió varias veces, el chico le pidió a Ron, su líder juvenil, que fuera a su casa y durmiera una noche en su habitación. Así que Ron fue a la casa del chico para dormir en su cama. Por supuesto, sucedió lo mismo. Aquella fuerza sujetó a Ron del cuello y trató de estrangularlo mientras dormía. Entonces, Ron se despertó gritando el nombre de Jesús, y aquella fuerza extraña se fue.

He escuchado historias como esa muchas veces, y me han parecido puras fantasías, pero Ron mismo me contó con lujo de detalles lo que sucedió esa noche.

Marcos 5 también nos presenta a una mujer que había sufrido de hemorragias durante doce años. Es mucho tiempo de sufrimiento, ¿no crees? Cierta vez conocía un adolescente que tenía que soportar inyecciones diarias de insulina para controlar su diabetes. La historia de esta mujer me recuerda que Jesús ve, siente y sana. Ella se abrió camino entre la multitud para acercarse al Maestro, se las arregló para tocar el borde de su manto, y gracias a esto sanó. ¿Tienes algún problema? Usa tu fe para tocar a Jesús.

Los exorcismos y las curaciones que Jesús realizó deberían haber sido suficientes para probar que no era un ser humano común. La mayoría de la gente lo sabía, pero la gente de su pueblo natal, Nazaret, no quería aceptarlo. Para ellos, no era más que el hijo del carpintero.

Sobre esto, Marcos comentó: «En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos. Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos» (Marcos 6: 5, 6). A Jesús lo debían haber recibido como a un personaje distinguido, pero lo trataron como a cualquiera. Algunas veces la gente que te conoce desde hace tiempo se niega a ver tus talentos. No te sientas mal. Simplemente sigue usándolos para Dios.

NO DEJES DE LEER

Marcos 4-6

¿Tu vida es tierra fértil para la semilla de Dios? Marcos 4: 13-20.


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