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DAR ES VIVIR Y VIVIR ES DAR

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Rogándonos con insistencia que les concediéramos el privilegio de tomar parte en esta ayuda para los santos (2 Corintios 8: 4).

Durante mis primeros años en la universidad conocí a un chico llamado Fred, de Martinica, una isla francesa del Caribe. Hablaba francés con un acento tan marcado que era difícil entender lo que decía. Uno podía confundir sus palabras, pero no su corazón.

Fred era un gran músico. Había estudiado música antes de ingresar a la universidad. En varias ocasiones usamos el poco tiempo libre que teníamos para pasar un momento agradable en el piano de nuestro dormitorio. Estaba terriblemente desafinado, y esto hacía que Fred pusiera una mueca de dolor. Golpeaba las teclas que debían producir ciertos sonidos, y si no daban el tono correcto, él cantaba perfectamente mientras tocaba. Para divertirnos, yo describía una escena de la naturaleza y Fred la recreaba musicalmente.

-Estoy en una tormenta, Fred -comenzaba a decir-. Está oscuro, es siniestro. Nubes negras han ocultado la luz de la luna.

(Los que estudiamos literatura siempre tenemos siempre muchas «palabritas».) Fred me escuchaba hablar y comenzaba a tocar. Con cada acorde, creaba ritmos musicales de tormenta. Es algo que nunca olvidaré.

Fred tenía otro don que también era una bendición. Era muy generoso. En la noche, cuando los muchachos del dormitorio tenían hambre, iban de cuarto en cuarto en busca de comida. Fred compartía lo que tenía. Muchas veces, sin pedirle permiso, freíamos y comíamos unos pastelitos que Fred llamaba johnnycakes. No eran saludables, pero calmaban el hambre.

El apóstol Pablo presumió a los de Corinto que los creyentes de Macedonia, el lugar desde donde escribió 2 Corintios, eran asombrosamente generosos. La gente de Macedonia era extremadamente pobre, pero cuando se enteraron de las grandes necesidades de los creyentes de Jerusalén, pidieron a Pablo que les permitiera dar lo que tenían. Dieron lo que pudieron y algo más. Su dadivosidad conmovió a Pablo profundamente, y usó su testimonio para despertar a los tacaños miembros de la iglesia de Corinto, que se habían comprometido a ayudar, pero comenzaban a echarse para atrás (2 Corintios 8: 7-9).

Dar es vivir y vivir es dar.

NO DEJES DE LEER

2 Corintios 7-9

¿Qué importante advertencia y promesa dio Pablo a los creyentes de Corinto al hablar de dar? 2 Corintios 9: 6-12.


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