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EN MI DEFENSA

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Él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12: 9).

Los últimos cuatro capítulos de la segunda carta de Pablo a los corintios es la defensa de su ministerio, y no se va por las ramas. Comienza afirmando que él y sus compañeros de ministerio son soldados en medio de una batalla que pelean con armas que no son de este mundo. Sus armas tienen un poder divino para demoler fortalezas y cualquier cosa que se aparte de Dios (2 Corintios 10: 4) ¡Pablo hablaba en serio!

En el capítulo 11, Pablo va más lejos y sus palabras se tornan más agudas. Recuerda, dirige su mensaje a un pequeño grupo de «buscapleitos» que había cuestionado todo lo que Pablo representaba. Su odio lo hizo enojar, pero estaba más molesto porque su influencia destruía a la iglesia. En el versículo 5, destaca que para esos miembros no era un problema escuchar enseñanzas de falsos maestros que llegaban predicando un evangelio falso. Pero cada vez que Pablo o alguno de su grupo se paraba a predicar, se armaba un escándalo. «Considero que en nada soy inferior a esos “superapóstoles”. Quizás yo sea un mal orador, pero tengo conocimiento» (vers. 5, 6). Casi podemos escucharlo preguntar: «¿Qué hice para que me traten así?».

¿Son servidores de Cristo? ¡Qué locura! Yo lo soy más que ellos. He trabajado más arduamente, he sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces. Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez meapedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar (vers. 23-25).

Pablo odiaba alardear de lo que había soportado a causa de predicar el evangelio, pero les contó a los creyentes un problema que tenía. «Una espina me fue clavada en el cuerpo», y hacía su vida miserable (2 Corintios 12: 7). No sabemos cuál era el mal que aquejaba a Pablo, ¡pero él quería que desapareciera! Aunque Pablo oró a Dios para que lo curara, no le quitó el problema. En vez de eso, Dios le dio gracia y fortaleza para ayudarlo a soportar.

Los que defiendan a Dios tendrán desafíos. A veces los retarán otros creyentes. Pablo defendió con fuerza su creencia en Dios, y nosotros también tenemos que estar listos para defender nuestra fe.

NO DEJES DE LEER

2 Corintios 10-13

¿Qué consejo dio Pablo a los creyentes? Lee 2 Corintios 13: 5. ¿Por qué?


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