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Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto (Hebreos 9: 9).

El pastor Mike Hamilton contaba la historia de un joven que se arrodilló ante una hermosa jovencita junto a un plácido lago.

-Querida -le dijo-, quiero que sepas que te amo más que a mi vida-. Me gustaría que te casaras conmigo -agregó-. No soy rico. No tengo un yate o un Rolls-Royce, ni un montón de dinero como Johnny Green, pero te amo con todo mi corazón.

La bella joven pensó durante un momento y luego respondió:

-Querido, yo también te amo con todo mi corazón, pero antes de decir sí, dime quién es Johnny Green.

¿Realmente lo quería ella con todo su corazón? ¡Obvio, NO!

Los seres humanos somos criaturas de hábito. Podemos acostumbrarnos a cualquier cosa en poco de tiempo. Yo tenía un amigo en la secundaria que se negaba a tratarse su pie de atleta, porque le encantaba sentarse en su cama y frotar un pie con el otro, para ver cómo se le caían pequeños pedacitos de piel. Se había acostumbrado a tener hongos en los pies.

Los israelitas de la antigüedad se habían acostumbrado a llevar animales al Templo como sacrificio para el perdón de sus pecados. Había sido así día tras día, hasta que la experiencia perdió significado. El autor de Hebreos manifestó que hubiera sido medio loco que los judíos creyentes regresaran a ese sistema de sacrificios, pues no tenía poder para cambiar sus corazones. Ellos podrían decir que amaban a Dios con todo su corazón y seguir pecando. Jodo lo que tenían que hacer era tomar el corderito más cercano y sacrificarlo en el templo. Sin embargo, sus conciencias no habían cambiado.

La vida, muerte y resurrección de Jesús pudo hacer lo que matar a tantos animales nunca pudo: cambiar nuestros corazones pecaminosos. ¿Cómo? Cualquiera que acepte a Jesús como su Salvador personal se lleva una bonificación. Cristo viene y habita en su corazón. Mientras permanecemos en Jesús, él nos transforma de adentro hacia fuera (Juan 15: 1-7).

NO DEJES DE LEER

Hebreos 7-9

¿Qué significa que Jesús nos pueda salvar completamente? Hebreos 7: 25.


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