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LO VI

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Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva (Apocalipsis 21: 1).

Si existió alguna vez alguien que necesitaba ver la Nueva Jerusalén, ese fue Juan. Después de haber visto las escenas de destrucción que leímos ayer, Dios mostró al apóstol un panorama espectacular. Quisiera terminar con lo que vio Juan, como lo presenta La Palabra.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Nada quedaba del primer cielo ni de la primera tierra; nada del antiguo mar. Vi también bajar del cielo la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Venía de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una voz poderosa que decía desde el trono:

-Esta es la morada que Dios ha establecido entre los seres humanos. Habitará con ellos, ellos serán su pueblo y él será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido.

El que estaba sentado en el trono anunció:

-Voy a hacer nuevas todas las cosas.

Y añadió:

-Palabras verdaderas y dignas de crédito son estas. ¡Escríbelas!

Finalmente, me dijo:

-¡Ya está hecho! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida. Al vencedor le reservo esta herencia: yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, los incrédulos, los depravados, los asesinos, los lujuriosos, los hechiceros, los idólatras y todos los embaucadores están destinados al lago ardiente de fuego y azufre, es decir, a la segunda muerte (Apocalipsis 21: 1-8, La Palabra).

La visión de Juan es para todas las personas hambrientas de nuestro mundo. Es para el chico que tiene baja autoestima, y la madre que muere de cáncer. Es para los pandilleros de Los Ángeles y Bagdad. Es para el hombre que conocí en una iglesia y sentía que Dios lo había abandonado. Es para el joven que tiene sida y publicó en Internet un video explicando por qué contagia a chicas desprevenidas. Si él se arrepiente, la sangre de Jesús limpiará sus pecados y también podrá ir al cielo.

Es para mí.

Es para ti.

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¿Irás al cielo? Te veré allá. ¡No pierdas la fe y vive con valentía!