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Él creó el cielo

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Dios dijo: «Que haya una bóveda que separe las aguas, para que estas queden separadas», Génesis 1: 6.

En el segundo día de la creación, Dios ordenó que el firmamento se separara de las aguas. Es el espacio sobre nosotros que a veces llamamos atmósfera, o cielo. Dios lo colocó en su lugar para que cumpliera una función específica. Contiene el sistema climático y ayuda a conservar las temperaturas en equilibrio.

Cuando miras el cielo en un día despejado, ves el color azul. Se han propuesto diferentes ideas o teorías de por qué es azul el cielo. Algunos han dicho que la atmósfera está compuesta de pequeñas burbujas de agua, y que la luz que las atraviesa genera el azul. La teoría más aceptada es que la atmósfera, a unos 160 kilómetros por sobre la superficie terrestre, se compone de oxígeno, nitrógeno, dióxido de carbono, otros gases, vapor de agua y partículas suspendidas. A medida que los rayos de luz atraviesan la atmósfera, sus diversas moléculas dispersan la luz. Entre más corta es la longitud de onda del color, más se dispersa. Como las ondas del azul son las más cortas y por tanto las más dispersas, provocan el efecto azulado en el cielo. Puede verse un azul más intenso verticalmente, y más ligero hacia el horizonte, según el ángulo desde el cual miremos.

Cuando el sol se pone, las ondas de color deben atravesar más atmósfera que cuando es mediodía. Con las partículas de polvo en la atmósfera y las longitudes de ondas más amplias de los colores (el rojo es la más amplia), se producen los atardeceres rojizos, amarillentos y anaranjados.

Los astronautas dicen que desde el espacio, donde no hay atmósfera que refleje las ondas, no hay colores y únicamente se ve el negro.

Dios creó la atmósfera que hace posible el azul del cielo. ¿Te has puesto a pensar lo que sería esta tierra sino tuviéramos el cielo azul sobre nosotros?

Agradécele hoy por el cielo azul.


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