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Las luces de Dios

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Dios dijo: «Que haya luces en la bóveda celeste, que alumbren la tierra y separen el día de la noche», Génesis 1: 14.

La luz, el cielo, las plantas y ahora, las lumbreras celestes. Dios tenía un plan y lo realizaba en un orden perfecto. Con vívidos colores había hermoseado la tierra. Luego hizo dos grandes luces, la mayor (el sol) para gobernar el día, y la menor (la luna), que gobernara la noche. La Biblia agrega: «También hizo las estrellas».

El sol da luz y calor. Sus rayos son muy benéficos. La mayoría de las plantas no puede sobrevivir sin luz solar. Los rayos solares hacen que las plantas produzcan el alimento que necesitan, y las plantas proveen alimento a los humanos y los animales. El sol también es curativo. Permite a nuestro cuerpo producir la vitamina D, esencial para su buen funcionamiento.

El propósito de la luna es alumbrar la noche, influir sobre el crecimiento de las plantas y producir las mareas en los océanos. A la luna se la considera luz menor. Recibe su luz del sol, como un reflector. La luz de la luna ayuda a que las plantas crezcan de noche.

Estoy seguro de que has salido de noche y mirado el cielo para contemplar las estrellas. Sí, hay muchísimas estrellas. Miles y miles de millones, de hecho. Deberíamos preguntarnos cómo es que Dios pudo crear tantas, pero habló, y aparecieron.

Durante siglos, los físicos y los astrónomos han estudiado las estrellas. Han construido telescopios de largo alcance para lograrlo. Aunque han aprendido mucho de las estrellas, su conocimiento es insignificante comparado al de Dios.

Si Dios pudo lograr tantas maravillas en la creación, al establecer los planetas y las estrellas en armonía, ¿no crees que podría hacer grandes cosas en tu vida si se lo permites? Pídele ayuda con cualquier problema que tengas. Te ayudará a superarlo.


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