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El día de Dios

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El séptimo día terminó Dios lo que había hecho, y descansó. Entonces bendijo el séptimo día y lo declaró día sagrado, Génesis 2: 2, 3.

Dios tuvo seis días muy ajetreados al crear este mundo. Había terminado su obra con la creación del hombre y la mujer, y su plan maestro estaba concluido. Bueno, casi. La obra estaba completa, así que en el séptimo día, hizo el sábado. La Biblia dice que descansó ese día. Lo bendijo y santificó. Lo apartó para que cumpliera un propósito especial.

Dios separó el séptimo día de la creación para el descanso, aunque él no estuviera cansado. Descansó porque había terminado la creación. Bendijo y santificó el séptimo día de la semana. Es un día sagrado. Ningún otro día de la creación es igual.

Dios nos puso un ejemplo. Trabajó durante los seis días de la creación y descansó en sábado. El cuarto de los Diez Mandamientos (Éxodo 20: 8-11) nos dice que sigamos su ejemplo. Durante su ministerio terrenal, Jesús sanó, enseñó y visitó a la gente en sábado. También fue a la sinagoga y condujo los servicios. «El sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras» (S. Lucas 4: 16).

Jesús creó el sábado para que fuera una bendición. Es un día para descansar de todas nuestras ocupaciones. Un día para alabar a Dios y demostrar que lo amamos. Jesús dijo a sus discípulos: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Por esto, el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado» (S. Marcos 2: 27, 28). Ese mensaje también es para nosotros.

Dios nos amó tanto, que no esperó que trabajáramos todo el tiempo. Apartó el sábado para que fuera un día feliz y especial. Es un día de alabanza, de ayudar a los necesitados, de compartir el amor de Cristo con los demás, de verdadero gozo.

Gracias a Dios por el sábado, el día en que puedes dejar de trabajar y estudiar. Pídele que te ayude a disfrutar este día y siempre, mientras reposas, adoras y ayudas.


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